lunes, 28 de marzo de 2011

4 la riqueza real

Georges Bataille sostiene que la economía clásica es un error : la verdadera economía global no es humana sino solar. Alimentos, fibras, y miles de otros compuestos, así como el carbón y el petróleo, todas las reservas de carbono y energía derivadas del Sol, son el fundamento vivo no solo de la vigorosa vida vegetal y animal sino también de la industria, la tecnología y la riqueza de las naciones.
La economía deriva de la vida fotosintética y del Sol. Los fotosintetizadores utilizan la radicación solar para producir el capital de la biosfera. Mientras se acumula la riqueza patrimonial se disipa calor y energía que se escapa al espacio. Los seres fotosintéticos de todo el mundo producen y "ahorran". Al comerselos, los consumidores pueden "gastar" esta energía fotosintética acumulada en actividades metabólicas o bien almacenarla temporalmente en sus tejidos de herbívoros o depredadores. La riqueza primordial puede acabar también en un depósito almacenada a largo termino cuando los consumidores mueren y quedan enterrados sin descomponerse totalmente. Así nuestra evolución humana ha desenterrado tesoros orgánicos acumulados en el pasado, como el carbón que caliente nuestras casas y el petróleo y el gas que aún mueven la economía moderna.

El conjunto de la actividad fotosintetizadora mundial crea un excedente de materia rica en energía que puede ser almacenada, devorada o despilfarrada. La gran riqueza planetaria reside precisamente aquí, proveída constantemente por la conversión vital de la energía solar a través de las plantas.
Las limitadas reservas mundiales de la biosfera -el conjunto de seres vivos que han moldeado su etorno coevolucionando con él- determinan la cantidad de rayos solares que pueden ser transformados en Vida. Es decir cuanta más vida verde haya, mayor capacidad de crear nueva vida a partir de la energia solar. La fotosíntesis crea excedentes, una reserva de materia y energía cuyos usos son tan innumerables como creativa es la vida.
Bataille observó que el carácter de una sociedad concreta no viene determinado tanto por sus necesidades como por sus excedentes. La riqueza crea libertad tanto en el reino biológico como en el cultural. Una cultura se caracteriza más por la manera como sus miembros utilizan o acumulan sus excedentes, que por ninguna otra cosa.

Los políticos debaten y se aferran a la recaudación de impuestos, a la reducción del déficit, de la deuda y de los gastos públicos. El gobierno imprime dinero que los bancos prestan sin freno, y sin tenerlo ni tocarlo. Los inversores poseen acciones, bonos, certificados de depósito, metales preciosos y oros instrumentos de financiación. Pero que significa "poseer" ? La humanidad no posee lo que gasta; la propiedad radica en la biosfera. Los cheques, las tarjetas de crédito, el papel moneda, los títulos y certificados de acciones son todos ellos símbolo de una riqueza cuya la fuente se encuentra más allá de los medios de producción tecnológica de los humanos. Los humanos no hacemos nada mas que transformarla, no la creamos. Los únicos seres capaces de crear, transformar los elementos quimicos de la tierra, el agua y el aire a través de la energia solar en vida son los vegetales y los organismos fotosintetizadores. Así la economía monetaria intenta secuestrar el flujo solar de la economía planetaria. El dinero simboliza la conversión de la fotosíntesis, la energía de la vida en algo que pueda ser controlado, manipulado y acumulado per los humanos. Quizá el color verde de los billetes no sea una coincidencia.
El hecho es que sin las plantas, la mayoría de animales morirían de inanición. Incluso con un crecimiento vegetal exuberante, los humanos y el resto de animales están destinados a morir. La tumba es un gran nivelador, y un buen recordatorio que somos posesión de lo que creemos poseer. Todos nosotros desde el barrendero al millonario, pagamos al final nuestras deudas. Los elementos de nuestro cuerpo volverán a la biosfera de la que surgieron. En la restringida economía de la arrogancia y la fantasía humanas, los individuos pueden acumular riquezas y poder. Pero como decía un nativo de Yucatán, al marcharte de este mundo no podrás llevarte ni las chancletas. En la economía solar de la realidad biológica todos y cada uno de nosotros inexorablemente dejaremos paso a la siguiente generación. El préstamo de carbono, hidrogeno y nitrógeno de nuestros cuerpos ha de ser devuelto al banco biosférico. La economía solar es la única real, y no hay mas riqueza que la VIDA.
Así una economia verdaderamente armoniosa con el planeta trabajará para preservar y desarrolar la vida, y no para despreciarla y adorar las cosas como hace el actual modelo de desarrollo.
Lynn Margulis y Dorion Sagan ¿Qué es la vida ?

3 La bolsa o la vida

En toda época y lugar, los comentarios históricos siempre constatan el aumento de la influencia del dinero sobre conductas y conciencias. De instrumento destinado a facilitar los intercambios comerciales en sus orígenes, ha pasado a tener valor en si mismo, con su peculiar capacidad de reproducción y crecimiento. A esta precoz emancipación de su utilidad original apuntan precisamente las críticas contra su desmesurada influencia : en realidad es un simple medio, pero también el medio por excelencia, cuya perversión consiste en que se ha transformado irresistiblemente en un fin en sí mismo. Los usos financieros o usureros del dinero y la facilidad de este para crecer vertiginosamente vendiéndose y comprándose a si mismo han sido siempre vistos con reprobación y alarma por los ideólogos sociales desde la antigüedad clásica.

Pero el dinero es además el más destacado de los productos estrictamente sociales; carece de toda fuerza o pertinencia fuera de la compañía humana que le da sentido. Nadie incluiría el dinero entre las cosas imprescindibles que uno se llevaría a una isla desierta. Lo que consagra el dinero es precisamente nuestra relación con los otros, la realidad básica de que toda vida social es intercambio, aunque no exclusivamente de dinero. La protesta contra su asocialidad está paradójicamente justificada: cuando el dinero es lo prioritario, desnuda y objetiva la relación social con tanta nitidez que nos la hace árida, extraña y descorazonadora. Al hacerlo todo contable y calculable, el dinero actúa como una fuerza desacralizadora de disolvente poderío, de ahí en buena medida la alarma que produce y el rechazo ... acompañado sin embargo del más acendrado afán, porque el dinero simboliza el máximo de rendimiento que podemos obtener de la sociabilidad a la que nos debemos.
Pero sobre todo el dinero ha demostrado una irresistible propensión sumamente peligrosa : la facilidad de convertirse en poder.
Las necesidades humanas son limitadas, el numero de cosas que el dinero puede conseguir efectivamente tiene como límite la posibilidad de asimilarlas de su dueño en la brevedad de su vida, pero más allá de cierto límite el dinero se convierte en poder, poder político, (influencia sobre los demás) y el poder es también un ansia infinita porque no manipula objetos, sino sujetos. Como el propio dinero, el poder es virtualidad pura, posibilidad siempre abierta, siempre tentadora de lograr algo más o preferentemente, conciencia de saber que siempre está uno capacitado para lograr algo más de otros. Las cosas que el dinero compra cansan pronto, salvo una, el poder, (lo suficientemente ilusorio) como para que el poseído por tal delirio no se sacie jamás.

Resulta por lo menos chocante que se considere como prototipo de materialista alguien capaz de sacrificarlo todo (ocio, sueño, comida, diversiones, belleza, amistad, vida ...) con tal de conseguir más dinero. A fin de cuentas el dinero tiene muchos más aspectos en común con el espíritu que con la materia: su realidad es invisible e impalpable pero poderosamente activa, su fuerza proviene de la fe que se tiene en él (de la confianza o crédito que se le concede). El contento que proporciona se refiere mucho más al futuro que al presente, se traslada casi instantáneamente de un extremo a otro del planeta cambiando a menudo de forma y de nombre, pero nunca pierde ese sentido de posibilidad en el futuro. Puede decirse que el dinero se va desmaterializando cada vez más, desde las pesadas monedas antiguas a las actuales tarjetas de crédito o una simple clave numérica enviada directamente al ordenador del banco desde nuestra pantalla casera.

En nuestra democracias, la transvaloración del dinero en poder ha llegado a tal punto en los países desarrollados que constituye el más serio peligro actual contra las democracias vigentes. Y ellos por dos vías : en primer lugar, por la capacidad de escamotearse a los controles fiscales y hurtar su debida contribución al mantenimiento del estado del bienestar; de tal modo que su ejemplo defrauda a los contribuyentes que no poseen capacidad económica para dotarse de subterfugios para ello y descorazona a quienes aún son lo suficientemente rectos como para comprender que las cargas tributarias resultan imprescindibles pero deben exigirse de modo igualitario.
En segundo lugar por su capacidad para pactar directamente con el estado las condiciones económicas que les resulten más favorables, más beneficiosas, en un plano de complicidad que desmiente y ofende la igualdad ante la ley del resto de ciudadanos. Este presupuesto de igualdad básica en el planteamiento democrático se ve aún más gravemente conculcado cuando es el propio Estado quien ofrece un trato de favor a aquellos complejos capitalistas cuyo volumen económico alcanza determinada magnitud (sin entrar ahora, aunque sería oportuno, en los mecanismos de corrupción - donativos para al financiación de partidos o sobornos privados, que pueden reforzar y agilizar este trato de favor). Los efectos secundarios de tales privilegios en prepotencia social, desmoralización pública, irresponsabilidad financiera y corrupción de funcionarios son de sobra conocidos.
La internacionalización económica (los únicos valores que se han hecho realmente universales son los crematísticos, en el más despectivo sentido aristotélico del término) refuerza esta tendencia a la dualidad esquizofrénica del orden político democrático.
"La eliminación de las fronteras permite la movilidad de capitales que lleva consigo el que estos puedan imponer condiciones para su establecimiento en un país determinado, de tal manera que, si no se les conceden ciertos privilegios, se dirigen a otros países. Con la consecuencia que si un Estado desea o, necesita atraerlos, se ve forzado a concederle los privilegios exigidos, aunque sea en detrimento de la ley general igualitaria" *. O te doblegas a mis exigencias o me voy a las islas Caimán; o mejor las dos cosas, primero la una y luego la otra. El estado democrático queda así supeditado a otro estado plutocrático (un reino dentro de otro imperio), cuya existencia es asumida de facto por los diferentes gobiernos, aunque sea negada cara al pueblo común, que acata las leyes sin esperar privilegios, paga sus impuestos y elige periódicamente a unos representantes... que se encargarán después de negociar y pactar con los capos del otro imperio, el del reino financiero.
Este doble rasero, es sin duda contrario al fundamento republicano de las democracias, en cuyo menoscabo pueden convertirse en un mero embeleco político.
Amenazadas, las sociedades democráticas, en su inmensa mayoría, por una corrupción crematística que permea todas las capas dirigentes, resultaría suicida olvidar este problema y cejar en la lucha por corregirlo. El ímpetu avasallador que tiende a transformar el dinero en poder y en desigualdad política es capaz de llegar a vaciarlas de contenido. Con razón se ha señalado que el dinero no basta como cimiento y fundamento político de una ciudadanía auténticamente democrática como la que los países y el mundo entero necesitan a principios de este siglo.

Selección de un articulo de Fernando Savater, publicado en la revista Archipiélago núm. 39. esclarecedor sobre las relaciones entre dinero y poder.
* Alejandro Nieto "La organización social esquizofrénica".

2 Dinero y poder

En los últimos años el ritmo de crecimiento del capital financiero ha estado muy por encima del capital "productivo" queremos decir del capital directamente relacionado con las actividades transformadoras de recursos naturales en bienes y servicios. Persistiendo en el error de confundir la vara de medir la riqueza (el dinero como pasivo financiero) con la riqueza real y de esta manera confundir el crecimiento de la riqueza con la expansión de la deuda. A través del dinero se asigna un "equivalente" financiero a la riqueza real, razonando en términos de valores estrictamente monetarios, (que al no tener una dimensión física pueden expandirse ilimitadamente), olvidando y dejando atrás las restricciones impuestas por la naturaleza al aumento de riqueza.
Pero el dinero, al igual que otros activos financieros, constituye en realidad un pasivo para la institución que lo emite. Por tanto, mas que ser un signo de riqueza, el dinero en realidad es un signo de endeudamiento : una deuda. El dinero es una forma de "crédito" y por tanto una deuda que la comunidad o la nación otorga, poseída por el individuo y debida a la comunidad, intercambiable a la demanda de riqueza por transferencia voluntaria de otro individuo que quiere separarse de la riqueza que "posee" a cambio de dinero. El valor del estoc total de dinero no es determinado por el estoc de riqueza existente (o por el flujo de la nueva producción) sino por la riqueza que los individuos creen que existe, que en realidad es más virtual que real. El tema de base es que la riqueza real no tiene las atractivas virtudes del interés compuesto, que axiomaticamente acompaña a la riqueza monetaria, y también que ante el crecimiento siempre limitado y transitorio de la riqueza física, se antepone el crecimiento exponencial característico del mundo financiero. Uno de los problemas fundamentales que surge con la expansión incontrolada de dinero o de los activos financieros líquidos en general, es que la relación deuda/riqueza se acaba rompiendo. En efecto, el poder de las empresas para crear dinero en sentido amplio, o para emitir pasivos financieros que los mercados aceptan, facilitando así su liquidez, esta escapando cada vez más a ningún control de la sociedad, lo que permite la expansión de los activos (en realidad pasivos) financieros a un ritmo que los distancia cada vez más del estoc de la riqueza física disponible y aún más del capital natural, el deterioro y la regresión del cual podemos ver día a día. De esta manera la globalización económica nos arrastra -de la misma manera que ocurrió con el reparto colonial del mundo- hacia el predominio de un juego económico de suma cero, en el que las ganancias de unos se hacen a costa de las perdidas de otros. Las tendencias al crecimiento continuado de la burbuja financiera mundial permiten mantener entre los jugadores la idea que se esta produciendo un " enriquecimiento" generalizado, idea que se puede mantener siempre y cuando la mayoría de ellos no quieran "realizar" sus ganancias, es decir convertirlas en riqueza real. Así la desigual capacidad que poseen los países para emitir pasivos que sean aceptados en el actual sistema financiero internacional, amplifica las desigualdades entre países ricos y pobres. Esta capacidad (como en la época colonial) está relacionada con el poder militar, económico y político de los países, arrastra la paradoja de que el país más rico y poderoso de la Tierra, es a la vez el más endeudado del mundo. Precisamente los países ricos y sus empresas transnacionales, apoyan su creciente capacidad de compra sobre el mundo en el crédito que este les otorga. Proceso que se apoya en el crecimiento de los activos financieros a ritmos muy superiores a los flujos físicos y a los agregados de producto o renta nacional. Se produce así una burbuja financiera, el valor de la cual crece a tasas muy superiores al incremento de las variables productivas reales, a través de un proceso de emisión y revalorización de activos financieros que, en general, mantienen escasa o nula relación con el mundo físico sobre el que deberían apoyarse.

La civilización industrialista se ha construido sobre la fe en la irrefrenable marcha hacia el Progreso, que se supone sucede con el simple apoyo de la ciencia, la técnica, el trabajo y el capital; la mitología de la "producción", el consumo y el crecimiento es la encargada de perpetuar un calculo económico sesgado justificatorio de ese tipo de progreso.

Los principios económicos y los intereses de los países del Norte dominan el discurso ecológico, encargandole la imposible tarea de conciliar el desarrollo económico, asimilado a un mero crecimiento; con la conservación de la naturaleza. Así se realizan las más extravagantes esfuerzos orientados a desarrollar hasta limites surrealistas un instrumentalismo económico parcelario que como mucho tiende a paliar los efectos de las actividades económicas, mientras ignora sus causas.

El objetivo de la Cumbre de Rio de pretender conciliar desarrollo económico (productividad) haciendolo sostenible, con la justicia social distributiva (equidad) y la conservación del medioambiente se muestra cada vez más difícil de alcanzar, cuando de hecho resulta cada vez más evidente que el sistema socioeconómico imperante promueve el primer objetivo a costa del deterioro de los otros dos.
A pesar de la creciente preocupación por los temas ambientales en estas últimas décadas y del aumento de departamentos, técnicos y publicaciones relacionadas con las cuestiones ambientales; no se ha conseguido enderezar la situación global : la extracción de recursos y la emisión de residuos per capita sigue aumentando a escala planetaria ofreciendo de hecho un horizonte de deterioro ecológico bastante más oscuro que el de hace treinta años. La multiplicación de profesionales trabajando sobre los problemas ambientales y sociales no se traduce en su solución o mejora efectiva. La "sobredosis" de literatura y técnicos ambientales esta contribuyendo más a mantener, que a reconvertir los modos de gestión económica que ocasionan los problemas ecológicos y sociales globales de nuestro tiempo.

Se hace necesario sustituir la elegante pero estéril teorización tan difundida en la literatura económica por estudios que aumenten nuestra comprensión de como funciona el sistema económico en realidad y sus interconexiones, sus relaciones con el mundo físico y natural, y con las relaciones sociales de poder y las cuestiones éticas relacionadas. En definitiva es necesario cambiar no sólo el sistema de conocimiento, sino también el propio sistema sobre el que se razona para evitar el reduccionismo y la parcelación del actual sistema de "ciencia" económica dominante.

Generalmente estamos tan habituados a magnificar la función pretendidamente racionalizadora de la economía que solemos perder de vista la importancia que cobra su función ideológica. La función mistificadora del pensamiento económico dominante resulta terriblemente más engañosa porque esconde su potente carga ideológica tras los oropeles de una pretendida racionalidad científica. Desvelar estos aspectos resulta esencial para darnos cuenta de hasta que punto el racionalismo parcelario y segado que propone la economía estándar sirve más para sostener esquemas y actuaciones que se revelan globalmente irracionales que para gestionar los problemas que en realidad originan.
De hecho, su elaboraciones sirven más para esconder, que para analizar los principales problemas que la gestión de los recursos plantea a las sociedades de nuestro tiempo. Con una racionalismo cada vez más vacío y alejado de los principales conflictos del presente, sirve en realidad para desviar la atención sobre ellos y para difundir la ideología conservadora del estato quo que los genera, haciendo implícitamente apología de este creciente poder económico que gobierna cada vez más el mundo y de este modelo de desarrollo que desprecia la vida, mientras adora las cosas y el dinero.

Jose Manuel Naredo. “Poder y dinero en la era de la globalización”, publicado en Le Monde Diplomatique, edición española Nº55, mayo del 2000- La segunda en el Nº 75, enero 2002, y la tercera en el Nº 76, en febrero del 2002.
www.globalizacion.org

1 Por qué la economia es un mal negocio ?

Modernamente, la civilización industrial en un enfoque económico convencional viene utilizando un razonamiento estrictamente monetario que identifica el crecimiento económico con la simple suma de agregados monetarios (la Renta Nacional o el Producto Interior Bruto) como guía suprema de la gestión económica. Cerrando los ojos al deterioro que este crecimiento causa al entorno natural y social, y cerrando por tanto la posibilidad de corregirlos. La contabilidad macroeconómica en que se ha convertido la economía moderna olvida la perdida de patrimonio natural y cultural tampoco no contabiliza los daños producidos por el crecimiento económico. Así se suele registrar como creación de riqueza (incremento del PIB) y de renta, lo que es en realidad la destrucción -en muchos casos irreversible- de la misma.
En la tala de un bosque o en la actividad pesquera por encima de sus tasas de reposición natural por ejemplo, se contabiliza como valor positivo el valor monetario de la madera obtenida, o del pescado capturado olvidando que en realidad se trata de la destrucción y pedida de un capital natural, que además tienen su función ecológica. Así tenemos el agotamiento de las pesquerías mundiales, el retroceso de los bosques, el aumento de la erosión y la perdida de tierra fértil; la erosión de los pastos y la extensión de los desiertos, la contaminación del agua y el hundimiento del nivel de las capas freáticas, que conlleva a un retroceso de la disponibilidad de agua; la contaminación producida por los productos químicos de síntesis; el aumento del nivel de CO2 en la atmósfera y la desestabilización del clima; la mengua de los arrecifes de coral, la extinción acelerada de especies y la perdida de biodiversidad...
La perdida de tierra agrícola y paisajes por expansión de las zonas urbanas e infraestructuras de transporte. Todo ello no queda restado de los incrementos del PIB. Si los ríos se ensucian, la tierra, el aire, los alimentos y las personas se contaminan o enferman; o si aumenta el ruido, no se resta nada al Producto Interior Bruto. En cambio, los gastos mitigadores o correctores (depuradoras, descontaminación, pantallas acústicas) o los gastos hospitalarios se suman al PIB.

El crecimiento económico de los últimos doscientos años se ha basado en un consumo acelerado de todo tipo de recursos naturales, en especial energías fósiles. Y se contabiliza como producción de petróleo, gas o carbón por ejemplo lo que en realidad es la extracción de un recurso natural no renovable (de hecho tendría que considerarse como un capital natural) que a medida que se extrae y se consume, disminuyen sus reservas inexorablemente.

Es decir, tenemos una economía que contabiliza mal, puesto que contabiliza como un incremento del PIB, lo que en realidad es la perdida de un capital natural que difícilmente podrá restituirse. Y contabiliza mal cuando infravalora o no valora nada los precios de determinados recursos naturales y los servicios que nos aportan los ecosistemas, guiando la economía en una dirección claramente antiecológica; cuando ignora los daños ecológicos y sociales producidos por determinadas actividades económicas, y más en un contexto en el que demasiado a menudo, los beneficios son privados mientras que los costes ocasionados por esos daños van a cargo del erario público, es decir los paga la comunidad; o cuando ignora la enorme aportación que en todas las sociedades y economías del mundo hacen las mujeres al mantenimiento y cuidado de los miembros de la familia y por tanto del sistema productivo. En muchas partes del mundo por ejemplo, el trabajo femenino en la agricultura de subsistencia es la base de la alimentación de buena parte de la humanidad, que no se ve reflejado en ninguna contabilidad económica.

Una economía que en su extremado reduccionismo confunde los conceptos de renta y estoc, y olvida las dramáticas consecuencias que suceden cuando un estoc es consumido como si fuera una renta. Una economía que favorece el deterioro y la destrucción de los sistemas de mantenimiento y la dotación natural de que la humanidad dispone, que propicia que nos estemos comiendo los estocs de capital natural : el patrimonio, en vez de vivir de las rentas, que seria lo sensato. Es decir tenemos una economía que además de contar mal, globalmente constituye en realidad, no sólo un mal negocio, sino un negocio ruinoso.

Una economía basada en graves irracionalidades : la fe en la meta universal del crecimiento económico como solución de los problemas del mundo, y en la falacia que implica el mito del crecimiento económico continuado y del continuo aumento del consumo de "bienes y servicios" (acompañado de una creciente extracción de recursos y de una creciente emisión de residuos) en un mundo físicamente finito y con un capacidad limitada de absorberlos. El mito de la "producción" que reduce el proceso económico a los benéficos monetarios, cerrando los ojos a los daños ambientales y sociales que origina. Una economía basada en la falsa libertad del comportamiento de los mercados como criterio de racionalidad económica.

La irracionalidad de la evidente inviabilidad de un crecimiento permanente de la población y sus consumos en un mundo finito. El crecimiento continuado y por tanto exponencial sólo puede darse de manera transitoria en el mundo físico. Este irracionalismo de la meta generalizada del crecimiento permanente, no es de hecho un nuevo descubrimiento de los informes y publicaciones especializadas, Gandhi ya se preguntaba que si el Reino Unido ha necesitado expoliar a medio planeta para conseguir su nivel de vida, ¿ cuantos planetas necesitaría la India ?

Resulta además evidente que el crecimiento económico por si sólo no aligera los niveles de pobreza que siguen acentuandose, sino que por el contrario continúan ampliandose las diferencias entre ricos y pobre. la falacia de que "es necesario crecer para repartir" no es mas que eso , una falacia. Para llegar a un mundo donde las necesidades de todos estén equitativamente satisfechas en necesario poner énfasis más en distribuir que en crecer. I de eso no se ocupa la economía, ni la académica ni la del mundo real.

Y volviendo a la ética como pueden diseñarse políticas económicas, asignar recursos, determinar prioridades, sin valorar ni discutir los aspectos, éticos y la moralidad de lo que se esta haciendo a la luz de los valores que deberían ser el norte del desarrollo y la democracia ?.

La economía encerrada en unos limites conceptuales cada vez más estrechos y alejados de la realidad, es entendida como un sistema pretendidamente cerrado y aislado que ignora y olvida sus relaciones con la naturaleza, la ecología, la física, la ética y el poder. Alimentada por las evidentes irracionalidades globales que comportan las formulaciones del actual pensamiento económico parcelario y reduccionista, ha quedado reducida a un campo de juegos matemáticos y de modelos que pretenden estar limpios de toda contaminación ideológica o política, que no parece referirse a cosas de este mundo ni que nos ha sabido ayudar en momentos de crisis por no disponer de saberes acerca de las relaciones económicas vivas complejas. Replegada en su propia esfera no integra la lógica y el conflicto de las sociedades humanas o de sus relaciones con la biosfera. Se mantiene como una "ciencia de las cosas muertas" (René Passet: El "eslabón perdido" del debate económico. En Archipiélago, núm. 33).