Los términos del comercio internacional continúan siendo muy injustos. Los países del Sur ha estado vendiendo sus materias primas cada vez más baratas -a excepción del petróleo- y a la hora de comprar productos manufacturados o industriales las han tenido que pagar a menudo a un precio cada vez más elevado. Mientras los precios de las materias primas son fijados en los mercados compradores de Chicago o de Londres en benéfico propio, el precio de los productos industriales son fijados por las multinacionales del Norte. Es decir, que la libre fijación de precios por la oferta y la demanda de la que hablan los libros de economía es mas bien una falacia que una realidad.
A pesar de la enorme incremento del comercio internacional y la progresiva reducción de los aranceles, el libre comercio y el libre mercado tan sólo lo son para una parte del mundo. Al final de la Segunda Guerra Mundial la protección aduanera representaba una media del 40 % sobre los productos, actualmente la media mundial se sitúa en un 4 %. El mundo ha pasado del proteccionismo inicial que favorecía el desarrollo industrial de los países del Norte al "libre mercado" actual bajo las directrices de la OMC (Organización Mundial de Comercio) para impedir la protección de la emergente industria de los países en vías de desarrollo. No permitir que los países del Tercer Mundo se protejan para desarrollarse, es una muestra de hipocresía, con un discurso de doble rasero : oficialmente se alaba el libre cambio, pero cuando interesa aparece el proteccionismo puro y duro de los países ricos.
Así, según las Naciones Unidas los países en desarrollo pierden alrededor de 100.000 millones de dólares al año a causa de las políticas proteccionistas claramente injustas y discriminatorias. Esta cantidad es el doble de lo que reciben anualmente como ayuda oficial al desarrollo. Las barreras arancelarias de los países ricos son cuatro veces más altas para los países pobres que para los industrializados. Los subsidios agrícolas en el Norte excluyen a los países pobres de los mercados mundiales y les supone una injusta competencia en los mercados locales. Mientras que los países ricos mantienen sus barreras sobre sectores que consideran sensibles, han forzado liberalizaciones masivas a través de la OMC y los programas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional en sectores como el agrario, estratégico desde el punto de vista del desarrollo. Así, más de una veintena de países africanos se han convertido en la década de los noventa en importadores netos de alimentos, lo que pone en grave riesgo su seguridad alimentaria. El proteccionismo agrícola y textil de los países industrializados es un serio obstáculo para que los países en desarrollo participen en igualdad de condiciones en la economía mundial. Este estado de cosas ha llevado a algunos observadores internacionales a afirmar que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional destruyen el trabajo de muchas agencias de las NNUU, y donde llega el FMI el hambre aumenta.
El actual orden económico resulta letal para muchos.
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