En los últimos años el ritmo de crecimiento del capital financiero ha estado muy por encima del capital "productivo" queremos decir del capital directamente relacionado con las actividades transformadoras de recursos naturales en bienes y servicios. Persistiendo en el error de confundir la vara de medir la riqueza (el dinero como pasivo financiero) con la riqueza real y de esta manera confundir el crecimiento de la riqueza con la expansión de la deuda. A través del dinero se asigna un "equivalente" financiero a la riqueza real, razonando en términos de valores estrictamente monetarios, (que al no tener una dimensión física pueden expandirse ilimitadamente), olvidando y dejando atrás las restricciones impuestas por la naturaleza al aumento de riqueza.
Pero el dinero, al igual que otros activos financieros, constituye en realidad un pasivo para la institución que lo emite. Por tanto, mas que ser un signo de riqueza, el dinero en realidad es un signo de endeudamiento : una deuda. El dinero es una forma de "crédito" y por tanto una deuda que la comunidad o la nación otorga, poseída por el individuo y debida a la comunidad, intercambiable a la demanda de riqueza por transferencia voluntaria de otro individuo que quiere separarse de la riqueza que "posee" a cambio de dinero. El valor del estoc total de dinero no es determinado por el estoc de riqueza existente (o por el flujo de la nueva producción) sino por la riqueza que los individuos creen que existe, que en realidad es más virtual que real. El tema de base es que la riqueza real no tiene las atractivas virtudes del interés compuesto, que axiomaticamente acompaña a la riqueza monetaria, y también que ante el crecimiento siempre limitado y transitorio de la riqueza física, se antepone el crecimiento exponencial característico del mundo financiero. Uno de los problemas fundamentales que surge con la expansión incontrolada de dinero o de los activos financieros líquidos en general, es que la relación deuda/riqueza se acaba rompiendo. En efecto, el poder de las empresas para crear dinero en sentido amplio, o para emitir pasivos financieros que los mercados aceptan, facilitando así su liquidez, esta escapando cada vez más a ningún control de la sociedad, lo que permite la expansión de los activos (en realidad pasivos) financieros a un ritmo que los distancia cada vez más del estoc de la riqueza física disponible y aún más del capital natural, el deterioro y la regresión del cual podemos ver día a día. De esta manera la globalización económica nos arrastra -de la misma manera que ocurrió con el reparto colonial del mundo- hacia el predominio de un juego económico de suma cero, en el que las ganancias de unos se hacen a costa de las perdidas de otros. Las tendencias al crecimiento continuado de la burbuja financiera mundial permiten mantener entre los jugadores la idea que se esta produciendo un " enriquecimiento" generalizado, idea que se puede mantener siempre y cuando la mayoría de ellos no quieran "realizar" sus ganancias, es decir convertirlas en riqueza real. Así la desigual capacidad que poseen los países para emitir pasivos que sean aceptados en el actual sistema financiero internacional, amplifica las desigualdades entre países ricos y pobres. Esta capacidad (como en la época colonial) está relacionada con el poder militar, económico y político de los países, arrastra la paradoja de que el país más rico y poderoso de la Tierra, es a la vez el más endeudado del mundo. Precisamente los países ricos y sus empresas transnacionales, apoyan su creciente capacidad de compra sobre el mundo en el crédito que este les otorga. Proceso que se apoya en el crecimiento de los activos financieros a ritmos muy superiores a los flujos físicos y a los agregados de producto o renta nacional. Se produce así una burbuja financiera, el valor de la cual crece a tasas muy superiores al incremento de las variables productivas reales, a través de un proceso de emisión y revalorización de activos financieros que, en general, mantienen escasa o nula relación con el mundo físico sobre el que deberían apoyarse.
La civilización industrialista se ha construido sobre la fe en la irrefrenable marcha hacia el Progreso, que se supone sucede con el simple apoyo de la ciencia, la técnica, el trabajo y el capital; la mitología de la "producción", el consumo y el crecimiento es la encargada de perpetuar un calculo económico sesgado justificatorio de ese tipo de progreso.
Los principios económicos y los intereses de los países del Norte dominan el discurso ecológico, encargandole la imposible tarea de conciliar el desarrollo económico, asimilado a un mero crecimiento; con la conservación de la naturaleza. Así se realizan las más extravagantes esfuerzos orientados a desarrollar hasta limites surrealistas un instrumentalismo económico parcelario que como mucho tiende a paliar los efectos de las actividades económicas, mientras ignora sus causas.
El objetivo de la Cumbre de Rio de pretender conciliar desarrollo económico (productividad) haciendolo sostenible, con la justicia social distributiva (equidad) y la conservación del medioambiente se muestra cada vez más difícil de alcanzar, cuando de hecho resulta cada vez más evidente que el sistema socioeconómico imperante promueve el primer objetivo a costa del deterioro de los otros dos.
A pesar de la creciente preocupación por los temas ambientales en estas últimas décadas y del aumento de departamentos, técnicos y publicaciones relacionadas con las cuestiones ambientales; no se ha conseguido enderezar la situación global : la extracción de recursos y la emisión de residuos per capita sigue aumentando a escala planetaria ofreciendo de hecho un horizonte de deterioro ecológico bastante más oscuro que el de hace treinta años. La multiplicación de profesionales trabajando sobre los problemas ambientales y sociales no se traduce en su solución o mejora efectiva. La "sobredosis" de literatura y técnicos ambientales esta contribuyendo más a mantener, que a reconvertir los modos de gestión económica que ocasionan los problemas ecológicos y sociales globales de nuestro tiempo.
Se hace necesario sustituir la elegante pero estéril teorización tan difundida en la literatura económica por estudios que aumenten nuestra comprensión de como funciona el sistema económico en realidad y sus interconexiones, sus relaciones con el mundo físico y natural, y con las relaciones sociales de poder y las cuestiones éticas relacionadas. En definitiva es necesario cambiar no sólo el sistema de conocimiento, sino también el propio sistema sobre el que se razona para evitar el reduccionismo y la parcelación del actual sistema de "ciencia" económica dominante.
Generalmente estamos tan habituados a magnificar la función pretendidamente racionalizadora de la economía que solemos perder de vista la importancia que cobra su función ideológica. La función mistificadora del pensamiento económico dominante resulta terriblemente más engañosa porque esconde su potente carga ideológica tras los oropeles de una pretendida racionalidad científica. Desvelar estos aspectos resulta esencial para darnos cuenta de hasta que punto el racionalismo parcelario y segado que propone la economía estándar sirve más para sostener esquemas y actuaciones que se revelan globalmente irracionales que para gestionar los problemas que en realidad originan.
De hecho, su elaboraciones sirven más para esconder, que para analizar los principales problemas que la gestión de los recursos plantea a las sociedades de nuestro tiempo. Con una racionalismo cada vez más vacío y alejado de los principales conflictos del presente, sirve en realidad para desviar la atención sobre ellos y para difundir la ideología conservadora del estato quo que los genera, haciendo implícitamente apología de este creciente poder económico que gobierna cada vez más el mundo y de este modelo de desarrollo que desprecia la vida, mientras adora las cosas y el dinero.
Jose Manuel Naredo. “Poder y dinero en la era de la globalización”, publicado en Le Monde Diplomatique, edición española Nº55, mayo del 2000- La segunda en el Nº 75, enero 2002, y la tercera en el Nº 76, en febrero del 2002.
www.globalizacion.org
No hay comentarios:
Publicar un comentario