lunes, 28 de marzo de 2011

18 La era solar

A estas alturas resulta más que evidente que hay que cambiar el sistema energético mundial y sustituir los combustibles fósiles y la energía nuclear. Las soluciones son la eficiencia energética y las energías renovables.
Recibimos del sol una cantidad de energía miles de veces mayor que la que consume toda la humanidad, y disponemos de los conocimientos y la tecnología para captarla y aprovecharla. Solo falta voluntad política por parte de toda la sociedad para vencer las resistencias del poder energético dominante estrechamente identificado con el negocio del petróleo y las nucleares.

Con energías renovables y utilizando como vector energético el hidrógeno además de la electricidad, sería posible atender a todas las necesidades energéticas con una emisión de contaminantes prácticamente nula.
El hidrógeno es el elemento más simple y más abundante en el universo y puede usarse como una excelente forma de almacenar energía procedente de fuentes renovables para garantizar un abastecimiento de energía permanente, continuo y limpio para toda la sociedad.
Una economía basada en la energía solar y en el hidrógeno (extraído del agua mediante electrólisis usando fuentes renovables para ello) posibilita una enorme redistribución del poder, con consecuencias trascendentales para la sociedad. Con el desarrollo de la tecnología fotovoltaica y de las pilas de hidrógeno, cada consumidor puede convertirse además, en productor de su propia energía. Mediante la denominada "generación distribuida", millones de usuarios locales, regionales y nacionales podrán producir su propia energía de modo descentralizado e intercambiar entre iguales los excedentes a través de una Red Mundial de Energía a la que estarán interconectados. De modo semejante a cómo hoy intercambiamos la información que generamos en nuestros ordenadores a través de la World Wide Web.

La revolución industrial se basó en la utilización extensiva del carbón como principal recurso energético, durante el siglo XX y hasta la actualidad vivimos en la época del petróleo; ambos combustibles fósiles configuraron una infraestructura energética fuertemente centralizada, y con ella, una estructura de poder económico dominante que ha favorecido a unos pocos frente a la mayoría. En la era de la economía solar es factible configurar una infraestructura energética descentralizada, que podría favorecer la democratización de la gestión energética y permitir a los individuos, a las comunidades y a los países afianzar su autonomía e independencia.

www.energias-renovables.com
www.tierramerica.net/2003/0505/conectate.shtml
europa.eu.int/comm/research/leaflets/h2/page_104_es.html

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