Respecto a la naturaleza el panorama no es mucho mejor. La creciente actividad económica tiene un enorme impacto sobre el medioambiente, de hecho para muchos expertos es la principal causa de degradación ecológica. Las exigencias de una economía en expansión, tal como se estructura en la actualidad superan la producción sostenible de los ecosistemas.
Desde esta perspectiva, el crecimiento de la actividad económica implica la degradación del medio en la medida que agota los recursos naturales; algunos de los cuales no tienen sustituto (minerales como el cromo, el platino...), otros son indispensables : agua, suelo agrícola, aire limpio... y de otros dependemos en exceso : petróleo por ejemplo.
Ademas se están agotando recursos naturales renovables, debido a que su explotación ha aumentado mucho y a menudo por encima de su tasa de regeneración; es el caso por ejemplo de la pesca y la explotación forestal.
La mitad de los bosques que una vez cubrieron la Tierra, 29 millones de kilómetros cuadrados, han desaparecido, y lo que es más importante en términos de biodiversidad, cerca del 78 % de los bosques primarios han sido ya destruidos y el 22 % restante están amenazados por la conversión a otros usos como la agricultura y la ganadería, la especulación, la minería, los grandes embalses, la extracción de madera, las carreteras y las pistas forestales, el crecimiento demográfico y el cambio climático. Un total de 76 países han perdido ya todos sus bosques primarios, y otros once pueden perderlos en los próximos años.
Se calcula que desde 1945 se han deforestado más de 600 millones de hectáreas, que un 20 % de la superficie terrestre con vegetación se encuentra en proceso de degradación y que cada año se deforestan unos 20 millones de hectáreas de bosque tropical (una superficie superior a Gran Bretaña).
Las consecuencias de la deforestación van más allá del agotamiento de la madera y la biomasa como recurso económico. Unos 2.000 millones de personas todavía dependen de la madera como combustible. Los bosques proporcionan además alimento, resinas, aceites, medicamentos y sobretodo contienen la mayor parte de la diversidad biológica y genética del planeta (un 90% de la biodiversidad); absorben y retienen el agua de lluvia, contribuyen al ciclo del agua amortiguando inundaciones, contribuyen a mantener el suelo evitando la erosión, contribuyen a estabilizar el clima, son fundamentales para el ciclo del carbono, que los humanos desestabilizamos con las emisiones de CO2, (los vegetales, los arboles lo absorben).
Millones de personas viven en y de los bosques, la deforestación hace que poblaciones enteras tengan que desplazarse, con la consiguiente perdida de diversidad cultural. Además el uso potencial como reserva genética de la biodiversidad es enorme, un recurso que se esta agotando incluso antes de ser descubierto y conocido. Tampoco hay que olvidar que los bosques proporcionan necesarios espacios de ocio y aprendizaje para muchas poblaciones y que nos permiten entrar en contacto con la naturaleza.
El problema de la deforestación excesiva se relaciona con el de la erosión del suelo, causada por una nociva producción agraria o ganadera, al envenenamiento químico (fertilizantes y pesticidas), por sistemas de irrigación mal planeados, la conversión de usos del suelo y se agrava con el cambio climático. Se calcula que un 51 % de la tierra firme se encuentra moderada o severamente desertizada y que 80 millones de personas viven en áreas de alto riesgo de desertificación.
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