Crítica desde el sentido común y a vista de pájaro (desde una visión ecologica y sistémica) de como funciona la economia aún dominante y sus nefastas consequencias en la sociedad, las personas y la ecologia de nuestro planeta.
lunes, 28 de marzo de 2011
5 El imperio del dinero
Las versiones eufóricas de los beneficios de la internacionalización económica no pueden ocultar las enormes grietas que quedan al descubierto tras la brillante fachada. En un mundo globalmente prospero y cada vez mas interconectado, las desigualdades económicas crecen sin parar; los campos de refugiados, la inmigración y la precariedad laboral aumentan, la destrucción ecológica no cesa y disminuyen las oportunidades para los mas desfavorecidos. La economía global, más parece un insensato negocio que destruye las bases naturales en las que se sustenta, enriqueciendo a unos cuantos de forma que no tiene parangón histórico, empujando inexorablemente la riqueza hacia arriba, concentrándola cada vez más, a la vez que expulsa a millones de excluidos.
La mundialización esta suponiendo el triunfo del mercado sobre la política, erosionando las bases de la autonomía de muchos estados, incapacitados de poder decidir sobre sus economías internas. No existe ningún control democrático de quienes en el seno de las organizaciones económicas internacionales, FMI, Banco Mundial, OMC... deciden el destino de millones de personas en el mundo. Se esta configurando un sistema de dominación totalitario que utiliza la dictadura del mercado. Una dictadura economicista en la que el mercado es el gran legitimador de toda suerte de conductas, aún las más desaprensivas.
Lejos de ser redistribuidos, la riqueza y los bienes que producen riqueza se concentran cada vez mas en menos manos. Se generan mecanismos como la deuda externa, las políticas de reajuste estructural... para desproteger a los países y economías más frágiles frente a las mas desarrolladas. En los mercados de valores se puede ver el aumento del valor de las acciones en el momento que las grandes compañías anuncian importantes despidos y reducciones de plantilla.
Las reglas del comercio y la economía internacional están hechas a medida de los países ricos y de las compañías transnacionales; y el funcionamiento de la economía global se organiza en función de sus propios intereses. Las únicas instituciones reguladoras internacionales existentes, en realidad lo que hacen es desregular en el sentido de dar mayor libertad aún para que el mercado opere sin restricciones de ningún tipo y el capital se mueva sin ningún control. Los grupos de expertos se reúnen sin observadores, ni se hacen públicos sus documentos, ni se hacen transcripciones, ni actas...Las empresas transnacionales no responden de sus actos mas que ante los propietarios del capital, sus accionistas y aún así, pueden engañarlos mediante la “ingeniería” contable.
Si a eso sumamos que el capital se puede mover de una punta a la otra del planeta sin ninguna clase de barrera ni de control, las multinacionales lo tienen todo a punto para que puedan, con toda legalidad, defraudar las haciendas nacionales. Mientras el dinero en grandes cantidades es nómada y viaja a la velocidad de los bytes, el dinero inmóvil procedente de las pequeñas empresas, los profesionales y los asalariados locales soporta una mayor carga impositiva por la simple razón que esta localizable.
El capital es móvil, pero se imponen severas restricciones a la circulación de trabajadores y personas que buscan mejorar su vida lejos de sus países donde impera la corrupción, el hambre y los conflictos armados.
En el mundo rico los mercados financieros permiten invertir en acciones, bonos, opciones y otros sofisticados productos financieros para encaminar teóricamente la inversión de nuevo a la producción de riqueza y así crear bienestar para todos. En realidad, tan solo una pequeña parte : un 5 %, de los enormes flujos de efectivo que circulan por los mercados financieros se invierten en la economía “productiva” real; el 95 % restante esta dedicado exclusivamente a la especulación financiera, que no tiene nada que ver con la producción de bienes y servicios y mucho menos con los que realmente satisfacen las necesidades de la sociedad.
En el sistema financiero mundial, los mercados de divisas mueven diariamente 1,6 billones de dólares, a menudo en especulativos viajes de ida y vuelta en pocas semanas. Los fondos de inversión, los fondos de pensiones, las compañías de seguros, etc. de los países del G7 acumulan un total de 21 billones de dólares, la mitad de los cuales pertenecen a fondos norteamericanos. Esta cifra es mas grande que la suma del PIB anual de todos los países industrializados. Los gobiernos no se atreven a grabar con impuestos unos dineros evanescentes y móviles. Con la libertad absoluta de la circulación de capitales, la globalización hace recaer el grueso de los impuestos sobre los trabajadores que no pueden desplazarse.
Los impuestos globales a los movimientos de capital como la Tasa Tobin, apenas un 0,1 %, además de poder reducir la presión fiscal soportada por los trabajadores, permitirían frenar un poco la loca movilidad especulativa de los capitales a corto plazo, reducir las inestabilidad monetaria internacional y crear un mecanismo de financiación para afrontar los retos de la eliminación de la pobreza extrema, mejorar la educación, la salud, el medioambiente....
Una tasa del 0,1% del volumen de operaciones en el mercado de cambios : 1,6 billones de dólares por día laborable, unos 380,9 billones al año, procuraría 230.000 millones de dólares anuales, recursos que podrían dedicarse a financiar las necesidades sociales y ecológicas del planeta.
Para hacerse una idea de la amplitud de los mercados de divisas (más de 300 billones de euros al año), amontonados en una pila de billetes de 10 euros, el montón llegaría a la luna !
Incluso en el texto del Tratado Constitucional europeo que debe ser ratificado por los estados miembros y que será sometido a votación próximamente en España se afirma en su artículo III-156 que “quedan prohibidas las restricciones (...) a los movimientos de capitales”. Además, se agrega en el artículo III-314 que la Unión Europea contribuirá a la “supresión progresiva de las restricciones a los intercambios internacionales”.
En realidad la libertad de circulación de los capitales es un eufemismo que oculta la existencia de miles de millones de euros que están fuera del control de los gobiernos, y que no pagan impuestos por estar radicadas en paraísos fiscales. En otras palabras, mientras la mayoría de los ciudadanos, pagamos impuestos porque se nos descuentan directamente de la nómina, o porque al comprar pagamos el IVA; hay grandes capitales (empresas multinacionales, millonarios, grupos de inversión) que no pagan porque la libertad de movimientos les permite enviar su dinero a paraísos fiscales, en los que predominan la baja o nula carga impositiva y el secreto bancario.
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