lunes, 28 de marzo de 2011

16 La economía de materiales : El mundo como cantera

Durante los últimos cuarenta años se ha registrado un espectacular crecimiento de la extracción de las principales sustancias de la corteza terrestre. La mejora de la eficiencia de los procesos no ha significado una reducción de las extracciones. La pretendía "desmaterialización", en el sentido de reducción del uso de recursos naturales no esta teniendo lugar ni siquiera en los países ricos. La evolución de los precios de las materias primas en el último decenio no ha incentivado ni el ahorro ni el reciclaje de las mismas.
Tales procesos de extracción alcanzan un tonelaje que triplica el de los productos derivados de la fotosíntesis. A lo largo de toda su historia, la humanidad ha vivido fundamentalmente de la fotosíntesis y sus derivados, mientras que ahora se apoya sobretodo en la extracción de stocks de la corteza terrestre. Con el agravante de que los materiales extraídos, una vez transformados se utilizan y suelen devolverse después al medio como residuos, sin preocuparse de hacerlos retornar a su condición originaria de recursos, con consecuencias negativas para el conjunto de la biosfera.
De hecho, a menudo la generación de residuos en los procesos industriales aumenta por encima de la propia producción de bienes. Así por ejemplo, la producción de la industria catalana creció un 2% entre 1998 y el 2002, y los desechos, un 4,5%, más del doble.
En esos procesos de extracción, elaboración y manejo de materiales en gran escala, la especie humana se ve obligada a movilizar un tonelaje de tierras y de materia vegetal crecientemente superiores a los directamente utilizados, acentuando con ello el deterioro ocasionado en el entorno (que se sumaría al provocado por los residuos). De hecho la intervención humana sobre la corteza terrestre orientada a la obtención de rocas y minerales supera ya en importancia a la de cualquier agente geológico.
Con la extracción de combustibles fósiles la civilización industrial utiliza una energía muy superior a la derivada de la fotosíntesis, orientada a acrecentar el resto de las extracciones de la biosfera y de la corteza terrestre, a transportarlas y elaborarlas, forzando también una utilización cada vez mas masiva de agua y de aire como recursos y como sumideros de residuos.
La creciente especialización y parcelación de los procesos, multiplica la exigencia de recursos y la emisión de residuos a un ritmo muy superior al de los productos obtenidos, entrando en una espiral de deterioro imposible de resolver sin cambiar el sistema que la origina. La Tierra es un sistema cerrado en materiales y si se multiplican los procesos que toman de la Tierra recursos y los devuelven en forma de residuos, el deterioro global está asegurado a largo plazo.
Para salir de este circulo vicioso es necesario reconvertir la industria humana en una sucesión concatenada de procesos que consiga una reutilización completa de los materiales, apoyándose en la energía solar, tal y como viene haciendo durante milenios ese paradigma de sostenibilidad que es la biosfera y, en ocasiones, los sistemas agrarios tradicionales.

La necesidad de mantener la fe en la mitología del crecimiento es crucial para el mantenimiento del sistema. Y de ahí que sea un tema tabú subrayar el conflicto que se opera entre un mundo financiero que suscribe como axioma el crecimiento exponencial de la rentabilidad de los capitales, en forma de interés compuesto, y un mundo físico en el que el crecimiento exponencial solo cabe en procesos parciales y transitorios.

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