lunes, 28 de marzo de 2011

19 Economía y ética

La economía de hecho surge de una matriz ética tanto en sus orígenes antiguos (Aristóteles) como modernos (A. Smith). Aristóteles en su Política distingue entre economia (lo concerniente a la correcta administración de las propiedades hogareñas) que aprueba y considera esencial para el correcto funcionamiento de cualquier ciudad mínimamente compleja, y crematística (los intercambios que buscan aumentar la ganancia). A quienes se dedican a estos últimos, los tacha de "parásitos". El emblema y compendio de esas malas artes es la usura, la diabólica capacidad que tiene el dinero de facilitar que todo se compre y se venda en busca de beneficio.
Los usos usureros del dinero y la facilidad de este para crecer vertiginosamente vendiéndose y comprándose a si mismo han sido siempre vistos con reprobación y alarma por los ideólogos sociales desde la antigüedad clásica. Independizado de las cosas para cuyo intercambio fue inventado, el dinero se convierte en la cosa por antonomasia, aquella con la que conviene comerciar más que con ninguna otra.
La repugnancia ante la usura se mantiene durante el medioevo y el renacimiento cristianos, con mayor fuerza entre católicos que entre protestantes.
Codicia, avaricia y usura fueron poco a poco sustituidas por una palabra mucho más presentable : interés. Interés a finales del siglo XVI venia a significar algo así como cordura pragmática. Poco a poco la palabra va derivando hacia su significado más restringido de ventaja económica. Su propia etimología alude a su papel socializador : inter est, lo que esta entre los hombres, y por tanto les une como un lazo (aunque también puede separarles como una cuña...).
Reyes y nobles apetecían también la riqueza, pero por la vía de la rapiña o la conquista, mientras que los burgueses apostaban por el intercambio comercial. Tales métodos habían de ser domados y encauzados productivamente por el interés. La Ilustración puso la esperanza, con un exceso de optimismo, en el interés como salvaguarda contra tales males políticos, es decir la confianza en que el interés privado defendería el interés público : James Steuart lo resumía de este modo : "una economía moderna es el freno más eficaz contra la estupidez del despotismo". Pero el interés resultó ser perfectamente compatible con la guerra, impulsada no ya por pasiones heroicas sino precisamente por el afán de lucro.

Adam Smith, considerado el padre de la economía moderna, fue catedrático de Filosofía Moral y durante mucho tiempo, la incipiente ciencia económica se consideró una rama de la Ética. No obstante la importancia que A. Smith asignaba las cuestiones morales, posteriormente se le ha indentificado con la posición que sostiene que la ciencia economía tiene que estar libre de valores y que el comportamiento egoísta de las personas de acuerdo con su propio interés, con la ayuda de la mano invisible del mercado, es la que realiza la asignación optima de recursos.
Así, mientras se distanciaba cada vez más de las consideraciones éticas por un lado, y del contexto natural en el que se inserta, por otro; la actual ciencia económica se consolidó en el universo aislado de los valores de cambio. Al mismo tiempo la noción de producción se distanciaba cada vez más de su trasfondo físico originario, para reducirse al ámbito exclusivo de los valores estrictamente pecuniarios : producir acabó siendo, simplemente vender con beneficio.
Los economistas "neoclásicos" de final del XIX y principios del XX, acabaron vaciando de materialidad la noción de producción y separando por completo el racionamiento económico del mundo físico y natural que lo sustenta; olvidando las leyes de la física y la termodinámica, que nos recuerdan que la materia sólo podemos tranformarla y que más que producir, lo que se hace en realidad es extraer y transformar recursos naturales en productos, por más sofisticados que estos puedan parecer. : extraer crudo y transformarlo en petróleo, o en detergentes.

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