lunes, 28 de marzo de 2011

19 Economía y ética

La economía de hecho surge de una matriz ética tanto en sus orígenes antiguos (Aristóteles) como modernos (A. Smith). Aristóteles en su Política distingue entre economia (lo concerniente a la correcta administración de las propiedades hogareñas) que aprueba y considera esencial para el correcto funcionamiento de cualquier ciudad mínimamente compleja, y crematística (los intercambios que buscan aumentar la ganancia). A quienes se dedican a estos últimos, los tacha de "parásitos". El emblema y compendio de esas malas artes es la usura, la diabólica capacidad que tiene el dinero de facilitar que todo se compre y se venda en busca de beneficio.
Los usos usureros del dinero y la facilidad de este para crecer vertiginosamente vendiéndose y comprándose a si mismo han sido siempre vistos con reprobación y alarma por los ideólogos sociales desde la antigüedad clásica. Independizado de las cosas para cuyo intercambio fue inventado, el dinero se convierte en la cosa por antonomasia, aquella con la que conviene comerciar más que con ninguna otra.
La repugnancia ante la usura se mantiene durante el medioevo y el renacimiento cristianos, con mayor fuerza entre católicos que entre protestantes.
Codicia, avaricia y usura fueron poco a poco sustituidas por una palabra mucho más presentable : interés. Interés a finales del siglo XVI venia a significar algo así como cordura pragmática. Poco a poco la palabra va derivando hacia su significado más restringido de ventaja económica. Su propia etimología alude a su papel socializador : inter est, lo que esta entre los hombres, y por tanto les une como un lazo (aunque también puede separarles como una cuña...).
Reyes y nobles apetecían también la riqueza, pero por la vía de la rapiña o la conquista, mientras que los burgueses apostaban por el intercambio comercial. Tales métodos habían de ser domados y encauzados productivamente por el interés. La Ilustración puso la esperanza, con un exceso de optimismo, en el interés como salvaguarda contra tales males políticos, es decir la confianza en que el interés privado defendería el interés público : James Steuart lo resumía de este modo : "una economía moderna es el freno más eficaz contra la estupidez del despotismo". Pero el interés resultó ser perfectamente compatible con la guerra, impulsada no ya por pasiones heroicas sino precisamente por el afán de lucro.

Adam Smith, considerado el padre de la economía moderna, fue catedrático de Filosofía Moral y durante mucho tiempo, la incipiente ciencia económica se consideró una rama de la Ética. No obstante la importancia que A. Smith asignaba las cuestiones morales, posteriormente se le ha indentificado con la posición que sostiene que la ciencia economía tiene que estar libre de valores y que el comportamiento egoísta de las personas de acuerdo con su propio interés, con la ayuda de la mano invisible del mercado, es la que realiza la asignación optima de recursos.
Así, mientras se distanciaba cada vez más de las consideraciones éticas por un lado, y del contexto natural en el que se inserta, por otro; la actual ciencia económica se consolidó en el universo aislado de los valores de cambio. Al mismo tiempo la noción de producción se distanciaba cada vez más de su trasfondo físico originario, para reducirse al ámbito exclusivo de los valores estrictamente pecuniarios : producir acabó siendo, simplemente vender con beneficio.
Los economistas "neoclásicos" de final del XIX y principios del XX, acabaron vaciando de materialidad la noción de producción y separando por completo el racionamiento económico del mundo físico y natural que lo sustenta; olvidando las leyes de la física y la termodinámica, que nos recuerdan que la materia sólo podemos tranformarla y que más que producir, lo que se hace en realidad es extraer y transformar recursos naturales en productos, por más sofisticados que estos puedan parecer. : extraer crudo y transformarlo en petróleo, o en detergentes.

18 La era solar

A estas alturas resulta más que evidente que hay que cambiar el sistema energético mundial y sustituir los combustibles fósiles y la energía nuclear. Las soluciones son la eficiencia energética y las energías renovables.
Recibimos del sol una cantidad de energía miles de veces mayor que la que consume toda la humanidad, y disponemos de los conocimientos y la tecnología para captarla y aprovecharla. Solo falta voluntad política por parte de toda la sociedad para vencer las resistencias del poder energético dominante estrechamente identificado con el negocio del petróleo y las nucleares.

Con energías renovables y utilizando como vector energético el hidrógeno además de la electricidad, sería posible atender a todas las necesidades energéticas con una emisión de contaminantes prácticamente nula.
El hidrógeno es el elemento más simple y más abundante en el universo y puede usarse como una excelente forma de almacenar energía procedente de fuentes renovables para garantizar un abastecimiento de energía permanente, continuo y limpio para toda la sociedad.
Una economía basada en la energía solar y en el hidrógeno (extraído del agua mediante electrólisis usando fuentes renovables para ello) posibilita una enorme redistribución del poder, con consecuencias trascendentales para la sociedad. Con el desarrollo de la tecnología fotovoltaica y de las pilas de hidrógeno, cada consumidor puede convertirse además, en productor de su propia energía. Mediante la denominada "generación distribuida", millones de usuarios locales, regionales y nacionales podrán producir su propia energía de modo descentralizado e intercambiar entre iguales los excedentes a través de una Red Mundial de Energía a la que estarán interconectados. De modo semejante a cómo hoy intercambiamos la información que generamos en nuestros ordenadores a través de la World Wide Web.

La revolución industrial se basó en la utilización extensiva del carbón como principal recurso energético, durante el siglo XX y hasta la actualidad vivimos en la época del petróleo; ambos combustibles fósiles configuraron una infraestructura energética fuertemente centralizada, y con ella, una estructura de poder económico dominante que ha favorecido a unos pocos frente a la mayoría. En la era de la economía solar es factible configurar una infraestructura energética descentralizada, que podría favorecer la democratización de la gestión energética y permitir a los individuos, a las comunidades y a los países afianzar su autonomía e independencia.

www.energias-renovables.com
www.tierramerica.net/2003/0505/conectate.shtml
europa.eu.int/comm/research/leaflets/h2/page_104_es.html

17 Más energía

Respecto al sistema energético del que se hablará más extensamente en otro capitulo tan sólo recordar que es globalmente muy ineficiente, puesto que emplea enormes cantidades de energía primaria para obtener una proporción de energía realmente util, de energía finalmente consumida realmente baja : del orden del 3 %. Utiliza principalmente combustibles fósiles y nucleares, ambos no renovables, es decir que se agotan a medida que se usan; y es altamente contaminante.
Los primeros, al quemarse liberan a la atmósfera importantes cantidades de óxidos de azufre, nitrógeno (causantes de las lluvias acidas) y anhídrido carbónico, principal responsable de la aceleración del efecto invernadero sobre el planeta, (causante de una desestabilización cada vez más evidente del clima del planeta). Los segundos aumentan considerablemente la radioactividad ambiental no siempre bien controlada y no se sabe como solucionar el problema de los residuos radioactivos.

Mientras la demanda de energía en el mundo crece, y las reservas fósiles disminuyen, la adicción al petróleo de la economía actual se ha convertido en un serio problema. El petróleo se extrae de pozos cada vez más profundos, que se están convirtiendo en abismos. Combustible rey, que no sólo contamina aires, mares y playas, sino también conciencias; menosprecia y avasalla los derechos humanos de comunidades indígenas, pueblos y naciones enteras, genera golpes de estado, asesinatos, y guerras.

El calentamiento global provocado mayormente por esa adicción que vierte a la atmósfera 6.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, esta empezando a tener consecuencias que pueden llegar a ser de mucho mayor alcance que el reciente tsunami del Sudeste Asiático. El cambio climático puede constatarse en el deshielo polar, el retroceso evidente de los glaciares, y de las nieves perpetuas en cordilleras como los Andes. En Alaska la temperatura ha aumentado 10 veces más rápido que en el resto del mundo y en las antípodas, 10.000 Km2 de la plataforma helada se han perdido en el continente Antártico. El hecho de que ocho de los años más calurosos de los que se tiene constancia fueron posteriores a 1990 y que en las últimas décadas la Gran Bretaña, igual que sucede en Canadá, Japón, Rusia y en otras zonas han experimentado un espectacular aumento de las lluvias que provocan inundaciones a causa del llamado cañón humeante : a más altas temperaturas, el aire puede retener mas agua en la atmósfera, de manera, que en caso de precipitación, el agua vertida es más copiosa. De las 21 grandes inundaciones del siglo XX, 16 han ocurrido desde el año 1953. El recrudecimiento de fenómenos meteorológicos extremos acentuará también las sequías y tempestades de polvo en otras zonas, aumentando su desertificación. Lo que contrasta con el aumento del nivel del mar que ya esta subiendo a un ritmo de 1,8 milímetros anuales.
El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático -IPCC, un colectivo de 3.000 científicos de todo el mundo, ha advertido que a escala global la temperatura media de la superficie terrestre aumentará entre 1,4 y 5,8 grados en el siglo XXI. Si aumentan las temperaturas, la fusión de hielos polares y glaciares se acelerará y el nivel de los océanos puede subir mucho mas, anegando zonas bajas costeras provocando el desplazamiento de millones de personas y desaparecerán bajo las aguas muchas islas del Pacifico. Los mares captarán más dióxido de carbono de la atmósfera y se volverán más ácidos, lo que puede causar extinciones en cadena y afectar a los recursos pesqueros. Los posibles cambios en la circulación de los océanos repercutirán en la circulación atmosférica, pues la atmósfera esta regulada por los océanos. Asimismo se verán afectadas las áreas de producción agrícola, la distribución de agua dulce en el mundo y las zonas proclives a determinadas enfermedades tropicales, entre otras muchas posibles consecuencias.
En algunas zonas como el Mediterráneo el aumento de temperatura será más acusado que en el resto del mundo, según las previsiones del IPCC. Y en verano las olas de calor serán más frecuentes, más largas y calurosas este siglo que el pasado. En el caso de España los climatólogos pronostican sequías más acusadas y un avance de la desertización en las próximas décadas, cosa que afectará a la agricultura y el turismo.
Incluso si la diplomacia fracasa en el intento de contener el cambio climático, la Tierra se adaptará como lo ha hecho durante millones de años, incluso en circunstancias ambientales mucho más extremas. Los especialistas en evolución no tienen dudas de que se adaptará también tras los daños que la humanidad está infligiendo a la biosfera; es decir a la VIDA en la Tierra. De lo que no están tan seguros es de si nos seguirá pareciendo un lugar tan agradable para vivir.

16 La economía de materiales : El mundo como cantera

Durante los últimos cuarenta años se ha registrado un espectacular crecimiento de la extracción de las principales sustancias de la corteza terrestre. La mejora de la eficiencia de los procesos no ha significado una reducción de las extracciones. La pretendía "desmaterialización", en el sentido de reducción del uso de recursos naturales no esta teniendo lugar ni siquiera en los países ricos. La evolución de los precios de las materias primas en el último decenio no ha incentivado ni el ahorro ni el reciclaje de las mismas.
Tales procesos de extracción alcanzan un tonelaje que triplica el de los productos derivados de la fotosíntesis. A lo largo de toda su historia, la humanidad ha vivido fundamentalmente de la fotosíntesis y sus derivados, mientras que ahora se apoya sobretodo en la extracción de stocks de la corteza terrestre. Con el agravante de que los materiales extraídos, una vez transformados se utilizan y suelen devolverse después al medio como residuos, sin preocuparse de hacerlos retornar a su condición originaria de recursos, con consecuencias negativas para el conjunto de la biosfera.
De hecho, a menudo la generación de residuos en los procesos industriales aumenta por encima de la propia producción de bienes. Así por ejemplo, la producción de la industria catalana creció un 2% entre 1998 y el 2002, y los desechos, un 4,5%, más del doble.
En esos procesos de extracción, elaboración y manejo de materiales en gran escala, la especie humana se ve obligada a movilizar un tonelaje de tierras y de materia vegetal crecientemente superiores a los directamente utilizados, acentuando con ello el deterioro ocasionado en el entorno (que se sumaría al provocado por los residuos). De hecho la intervención humana sobre la corteza terrestre orientada a la obtención de rocas y minerales supera ya en importancia a la de cualquier agente geológico.
Con la extracción de combustibles fósiles la civilización industrial utiliza una energía muy superior a la derivada de la fotosíntesis, orientada a acrecentar el resto de las extracciones de la biosfera y de la corteza terrestre, a transportarlas y elaborarlas, forzando también una utilización cada vez mas masiva de agua y de aire como recursos y como sumideros de residuos.
La creciente especialización y parcelación de los procesos, multiplica la exigencia de recursos y la emisión de residuos a un ritmo muy superior al de los productos obtenidos, entrando en una espiral de deterioro imposible de resolver sin cambiar el sistema que la origina. La Tierra es un sistema cerrado en materiales y si se multiplican los procesos que toman de la Tierra recursos y los devuelven en forma de residuos, el deterioro global está asegurado a largo plazo.
Para salir de este circulo vicioso es necesario reconvertir la industria humana en una sucesión concatenada de procesos que consiga una reutilización completa de los materiales, apoyándose en la energía solar, tal y como viene haciendo durante milenios ese paradigma de sostenibilidad que es la biosfera y, en ocasiones, los sistemas agrarios tradicionales.

La necesidad de mantener la fe en la mitología del crecimiento es crucial para el mantenimiento del sistema. Y de ahí que sea un tema tabú subrayar el conflicto que se opera entre un mundo financiero que suscribe como axioma el crecimiento exponencial de la rentabilidad de los capitales, en forma de interés compuesto, y un mundo físico en el que el crecimiento exponencial solo cabe en procesos parciales y transitorios.

15 Hacia una Química Verde

La industria química es uno del principales y mas diversos sectores industriales del mundo que se ha desarrollado extraordinariamente en el último siglo generando cantidades ingentes de nuevos productos.
A partir de los años cincuenta los productos energéticos : gasolinas, naftas... derivados del fraccionamiento del crudo ja excedían al uso del carbón, con lo que el petróleo pasó a ser el principal combustible del desarrollo industrial. Paralelamente se descubrió la posibilidad de transformar ciertos productos que aparecían en la destilación fraccionada del petróleo en una serie de materiales que pronto inundarían todos los mercados : los plásticos. De esta manera se desarrollo una nueva industria : la petroquímica capaz de sintetizar una gran variedad de productos : energéticos unos, como el butano o el propano y compuestos materiales la mayoría como los plásticos, cauchos sintéticos, fibras textiles, fertilizantes, pesticidas, herbicidas, barnices, pinturas, colorantes, fármacos, detergentes, cosméticos....Así la química paso de dedicarse a la transformación de materias primas agrícolas y minerales, a la síntesis de nuevos materiales artificiales, consumiendo enormes cantidades de energía y recursos fósiles, es decir no renovables, lo que contribuiría a acentuar la ya crecientes demandas de energía en los países industrializados. A la vez que se introducían en el medio toda una serie de nuevos compuestos -buena parte de los cuales son contaminantes- que antes no existían en la naturaleza y que no son biodegradables.

La expansión económica de los 50-60 esta íntimamente relacionada con el gran consumo de petróleo. No es casual que los sectores industriales que tuvieron un mayor desarrollo fueron precisamente los mayores consumidores de energía : petroquímica, metalurgia, sector del automóvil, electrodomésticos, electrónica, generación de electricidad... coincidiendo generalmente con productos de una gran intensidad energética, o sea que para su producción se requiere mucha energía.

Sólo en los EEUU, en 1999 se liberaron unos 3,5 millones de toneladas de sustancias tóxicas -doce kilos por persona. Una prueba aleatoria en la sangre de cualquier norteamericano mostraría fácilmente cantidades apreciables de doscientas sustancias que hace un siglo aún no existían. Algunas se difunden con un facilidad prodigiosa. Tanto es a sí que se han detectado altas concentraciones de contaminantes en el tejido adiposo de los osos polares del Artico.

Con la campaña, denominada Detox, la organización WWF denunció el año 2004 el alto número de sustancias prohibidas que emplean numerosas industrias, y que se introducen en el organismo humano y animal sin control alguno. Para ello sometieron recientemente a un análisis a catorce responsables de Medio Ambiente o Sanidad de la Unión Europea, para saber si su sangre estaba contaminada con sustancias químicas prohibidas. Los análisis revelaron que la sangre de los ministros analizados contiene 55 de las 103 sustancias químicas prohibidas que se buscaban en el experimento, es decir un 53%.
El director de la campaña, Karl Wagner, indicó que "los ministros están contaminados con sustancias químicas industriales cuyos efectos son en gran parte desconocidos". El estudio asevera que la "contaminación química es una amenaza".
La modernidad ha traído consigo, además del bienestar, la proliferación de productos químicos sobre los que se desconoce casi todo sobre su seguridad.
Desde el mismo momento en que un niño viene al mundo ya tiene la sangre contaminada. Su madre le habrá transmitido un cóctel con hasta medio centenar de sustancias correspondientes a siete familias químicas, todas ellas tóxicas y en algunos casos cancerígenas. Ese mismo bebé irá incrementando la herencia día a día, ya que la mayoría de los alimentos que consumirá a lo largo de su vida y la mayoría de los productos que tocará y con los que conviva irán aumentando los niveles de contaminación de su sangre. Si apenas se conoce la toxicidad de muchos productos de manera individual, mucho menos cuando son varios los que actúan.

La Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) dio a conocer hace poco un informe que asegura que la contaminación que ocasiona el transito mejora en las carreteras, pero no en las zonas urbanas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura a su vez que en los países desarrollados mueren más personas de forma prematura por la exposición a la contaminación que por accidentes de trafico. Se estima en 80.000 los adultos de más de 35 años que mueren cada año en las ciudades europeas por esta causa.

Para intentar paliar esta situación, recientemente se esta empezando a desarrollar el concepto de química verde o sostenible que propone el diseño, la manufactura y el uso de sustancias químicas y de procesos para obtenerlas, que reduzcan o eliminen el uso o la generación de residuos y productos nocivos para el medio ambiente y la salud humana.
De manera silenciosa pero constante, la química verde esta comenzando a cambiar el modo de operar de toda la industria química, y la manera de tratar las materias primas a nivel de átomos y moléculas. La innovación que introduce la química verde comporta un nuevo diseño del proceso de síntesis y del uso de las sustancias químicas. Este nuevo modelo de trabajo tiene como objetivos principales desarrollar materiales y procesos respetuosos con el medio ambiente, a través de la manipulación de las propiedades físicas y químicas de las sustancias, con la finalidad de reducir y eliminar sus características peligrosas y finalmente abastecerse de elementos y energías renovables y limpias. Es evidente que es mucho más probable que se desarrollen químicas ecológicamente adecuadas cuando los materiales de partida son ecológicamente compatibles, lo que lleva a preferir como materia prima materiales basados en el mundo vegetal.

14 Comer del petróleo

El sector agroalimentario junto al energético son los sectores más directamente relacionados con los ecosistemas y los que más les afectan.
Los sistemas agroindustriales producen graves y crecientes impactos ecológicos tanto a nivel global como local : deforestación, desertificación de extensos territorios sobretodo en zonas tropicales y subtropicales del planeta; destrucción y deterioro del suelo fértil, perdida de biodiversidad, alteración del ciclo natural del nitrógeno, difusión de tóxicos y biocidas en el ambiente, sobreexplotación y contaminación de acuíferos y aguas superficiales (sin respetar el mínimo caudal ecológico de los ríos), despilfarro de agua, un recurso cada vez mas contaminado y escaso (captada a menudo con un gran impacto ambiental), eutrofización de lagos y mares costeros, despilfarro de energía... y todo eso a menudo para producir grandes cantidades de alimentos con buena presentación y escasa y decreciente calidad nutricional
Así una tercera parte de la tierra de cultivo del mundo esta perdiendo fertilidad, lo que hace peligrar su productividad y la seguridad alimentaria mundial. La mitad de las zonas de pasto del mundo sufren también una sobreeplotación que las está desertificando de modo grave. Los dos tercios de las pesquerías oceánicas se explotan por encima de su capacidad natural de reproducción. De hecho la sobrepesca en las últimos años se ha convertido en la regla casi generalizada. Además la sobreexplotación y la creciente contaminación de las aguas subterráneas están ya teniendo efectos negativos y limitadores en la producción de alimentos en muchas zonas del planeta.
Como vemos, a pesar del optimismo de los indicadores económicos de "producción" en el sector agroindustrial, el panorama no es nada halagüeño des de el punto de vista ecológico.

A partir del desarrollo y extensión de la industria petroquímica después de la Segunda Guerra Mundial, la agricultura dejó de ser una actividad productiva renovable y energéticamente eficiente, que permitía reponer la fertilidad del suelo y la energía invertida, a ser un sistema industrializado, energéticamente deficitario -consume más energía de la que produce- que nos envenena lentamente un poco más cada vez -los alimentos contienen cada vez más productos químicos, no siempre inocuos.
La industrialización agrícola ha llevado a una agricultura basada en la fragmentación y los monocultivos. Arboles, rebaños y cultivos se han separado unos de otros en sistemas fragmentados de función simple, en los que sólo cuenta la productividad por hectárea y la cantidad siempre creciente de las aportaciones químicas necesarias para conseguirla.

Durante la expansión de la revolución verde de 1950 a 1984 -paradigma de la "modernización agrícola", mientras la producción de cereales creció un 3% anual, casi el doble que el crecimiento demográfico, murieron de hambre mas de mil millones de personas, en un mundo con los silos a rebosar. De nuevo el "éxito" sólo benefició a un parte.

La agronomía moderna se ha autolimitado, concentrandose casi en exclusiva en el uso de agroquímicos, despreocupándose de comprender, integrar y aplicar los conocimientos de la biología, la ecología y la agricultura tradicional. Sólo recientemente ha habido una confluencia entre estudiosos de los sistemas agrícolas y los ecosistemas naturales dando paso a los modernos y aún minoritarios estudios agroecológicos. El precio ha sido alto : empobrecimiento biológico por destrucción de la microfauna del suelo debida a los productos químicos, en algunos casos hasta dejar estéril la tierra. Para sustituir la acción de estos microorganismos, indispensable para un crecimiento sano de los vegetales, se hace necesario entonces utilizar todavía más fertilizantes. Otras consecuencias de tal destrucción es la perdida y la merma de la calidad de los nutrientes, la perdida de esponjosidad y de la capacidad de retener agua del suelo, y su mayor fragilidad frente a la erosión.

A la perdida de fertilidad de la tierra, es necesario añadir la contaminación de las aguas por aportación excesiva de nitratos; además una fracción de estos nitratos se transforma en nitritos, una sustancia altamente tóxica que puede fácilmente envenenar y de hecho así sucede, los acuíferos subterráneos. Como consecuencia de todo ello se esta produciendo el deterioro entre moderado y grave de millones de hectáreas de tierra fértil, que favorecen los procesos de erosión. Tanto es a sí, que en el mundo se pierden unas 150 Ha. de suelo fértil por minuto y la península Ibérica se empobrece a un ritmo de unas 32 toneladas de tierra fértil por segundo.
Los fertilizantes y plaguicidas sintéticos además de contribuir a degradar los suelos y a contaminar los acuíferos se introducen en la cadena alimentaria. Así ingerimos entre tres y siete kilos al año de colorantes, conservantes, insecticidas y metales pesados. No parece la forma más sana de vitalizarnos, ni de alimentarnos.
Por otro lado tenemos la perdida de biodiversidad. Desde principios de siglo se ha perdido un 75 % de la diversidad genética de los cultivos agrícolas. Se han reducido muchísimo las variedades utilizadas, hasta el punto de que dependemos de unas 150 especies de animales y plantas para nuestra alimentación, frente a las miles de posibilidades existentes. El 95 % de nuestra alimentación proviene de de tan sólo 30 especies cultivadas y de unas pocas especies animales. Las tres cuartas partes de nuestra dieta están formadas por tan sólo 8 especies, encabezadas por cuatro variedades de cereales de las que depende casi todo : trigo, maíz, arroz y soja.
Cuando la multiplicidad y diversidad biológica está desapareciendo, gracias a la expansión de las hamburguesas -que destrozan extensas zonas del Amazonas, el arboricidio, las pésimamente planificadas obras públicas ... más de la mitad de las especies de animales y de plantas domesticadas se encuentran también en peligro de extinción.
La biodiversidad es también una fuente de fertilidad del suelo y necesaria para el control de las plagas y las enfermedades. Diferentes cosechas plantadas juntas ayudan al ciclo de los nutrientes y pueden resistir mejor la plagas. La necesidad de aportaciones externas de nitrógeno se ve reducida si crecen juntos legumbres y cereales. La biomasa de la paja de las cosechas sirve para alimentar el ganado, que produce estiércol, es decir abono. La materia orgánica es fundamental para la conservación de la fertilidad del suelo.

Otro hecho importante con la industrialización de la agricultura y la acumulacion de la población en zonas urbanas, es que se ha dejado de utilizar en gran medida los residuos orgánicos -vegetales y animales- como la fuente milenaria de fertilización de la tierra que siempre han sido.
Hoy día cuando más de la mitad de la humanidad vive en ciudades y depende más que nunca de los flujos unidireccionales de nutrientes y de materia orgánica que vienen cada vez de mas lejos y no se devuelven a las tierras de cultivo de donde proceden; romper este flujo circular orgánico tiene su precio. Por un lado muchas regiones del planeta están excesivamente fertilizadas con abonos inorgánicos y sintéticos, así el agua potable de algunos países europeos esta contaminada por la escorrentia de este exceso de fertilizantes. Y se está reduciendo la diversidad de especies por el exceso de aplicación de nitrógeno y fósforo. Las enfermedades de las plantas se extienden con mayor facilidad en suelos dependientes de estos fertilizantes manufacturados.
En el otro extremo, el vertido de residuos orgánicos en las ciudades plantea problemas cada vez más difíciles de resolver : vertederos llenos que filtran elementos tóxicos a las aguas subterráneas y liberan metano a la atmósfera. Sistemas de alcantarillado que resultan caros y a menudo mezclan residuos químicos e industriales, aguas pluviales y las aguas grises residuales de las ciudades, dificultando enormemente la recuperación y reutilización de unas y otras.

La tendencia a la cría intensiva de animales ha acarreado la concentración de excedentes de estiércol y purines que superan las cantidades que los cultivos pueden absorber y se han convertido en un contaminante, cuando durante milenios han constituido un recurso para la fertilización del suelo. En Cataluña por ejemplo este problema afecta a diversas comarcas que han visto afectadas las redes de abastecimiento de agua potable, recomendandose que no se use para beber ni cocinar; porque están contaminadas por nitratos procedentes de los purines de las granjas de engorde de ganado porcino.

Devolviendo los nutrientes en forma de compuestos orgánicos a los suelos -cerrando el ciclo de la materia- podrían aligerarse estos problemas. Se estima que en el estado español se producen 150 millones de toneladas de residuos orgánicos : estiércol de granjas, residuos vegetales de las industrias de procesamiento: vino, aceite, azúcar, madera, los residuos orgánicos de las ciudades... Podrían compostarse y tratarse para recuperar la energía contenida en ellos -biogas con alto contenido en metano, muy parecido en composición al gas natural que usamos en las ciudades- y obtener un abono concentrado de gran calidad, para así devolver los nutrientes que contienen y buena parte de la fertilidad que año tras año les sustraemos a la tierra.

A la perdida de tierra fértil por desertificación, hay que añadir el urbanismo galopante que retira de la producción agrícola mas de 300.000 ha. de las mejores tierras de cultivo del planeta todos los años. Entre unas cosas y otras la seguridad alimentaria -las reservas estratégicas de la humanidad- se han reducido en los últimos años.

Desde el punto de vista de la nutrición, aproximadamente la mitad de la población mundial -ricos y pobres -padecen deficiencias nutricionales. Mientras el volumen de personas -unos 1.200 millones- que pasan hambre o están subalimentadas se esta reduciendo un poco, paradójicamente las carencias nutricionales de signo opuesto causadas por el exceso de comida : grasas, azucares... acompañada de deficiencias en vitaminas y minerales se extiende cada vez más, afectando a otros 1.200 millones de personas sobrealimentadas.

Por otro lado el sistema de producción y comercialización agropecuario controlado por grandes corporaciones transnacionales tiende a empobrecer y hacer cada vez más dependientes a los pequeños agricultores de unas semillas híbridas que es necesario comprar cada año y que para ser eficaces necesitan aportaciones crecientes de fertilizantes, plaguicidas y herbicidas que las mismas compañías les venden.
El último paso en convertir los sistemas naturales en recursos económicos, es la transformación de la semilla en un recurso genético (al introducir genes externos utilizando técnicas de biología molecular) : las controvertidas plantas transgénicas, que abren muchos interrogantes sobre sus posibles efectos en la biosfera y en la salud humana.

Respecto a las relaciones Norte -Sur, los cultivos destinados a la exportación para pagar la deuda externa, en vez de cultivos alimentarios para la propia población son demasiado frecuentes en los países del Tercer Mundo. Mientras, en el Norte se continua subvencionando ampliamente una agricultura intensiva, excedentaria y contaminadora que afecta además negativamente la producción agrícola de los países en desarrollo en una clara competencia desleal.

Durante milenios la agricultura y la ganadería han sido eficientes sistemas de captación y transformación de energía solar en una gran variedad de elementos nutritivos desarrollados por las diferentes culturas del planeta, de las que deberíamos aprender. Hoy, sin embargo, los sistemas agropecuarios industriales se basan esencialmente en un recurso fósil : el petróleo; para la maquinaria agrícola, para los fertilizantes sintéticos, para determinados herbicidas... que se derivan de él. Cuando consumimos productos agrícolas o carne, la mayoría de la energía bioquímica que ingerimos ya no proviene del sol, sino del petróleo que, no olvidemos es un recurso escaso y no renovable, es decir que se agota a medida que se gasta, además de ser contaminante y desestabilizador del clima. Todo ello plantea grandes interrogantes sobre la eficiencia y viabilidad a largo plazo de los sistemas agropecuarios industriales. Comer del sol es ecológicamente sostenible, comer del petróleo no lo es y además es mucho menos saludable.
Y por si fuera poco desde el punto de vista de la economía doméstica, en este sistema estamos pagando los alimentos tres veces : una al comprarlos, la otra al pagar los subsidios a la agricultura intensiva europea y norteamericana, y una tercera cuando es necesario corregir los desastres que generan las practicas agrícolas contaminantes y en general los efectos nocivos del sector agroalimentario industrialista.
De hecho se mire como se mire, no hay solución a la crisis ecológica global sin una ecologización a fondo del sector. No se trata tanto de maximizar los rendimientos, como de optimizarlos de modo sostenible : conseguir rendimientos óptimos compatibles con la estabilidad de los agroecosistemas, con la calidad del entorno, con la seguridad y la calidad alimentaria de toda la población humana y con la justicia social. Para determinadas zonas del planeta como la Unión Europea, se trata de desintensificar. No se trata de producir más sino de producir mejor y más sanamente. Y en todas partes apostar por una agricultura basada en los principios agroecológicos y la permacultura.

13 Presión del sistema económico sobre la naturaleza

Respecto a la naturaleza el panorama no es mucho mejor. La creciente actividad económica tiene un enorme impacto sobre el medioambiente, de hecho para muchos expertos es la principal causa de degradación ecológica. Las exigencias de una economía en expansión, tal como se estructura en la actualidad superan la producción sostenible de los ecosistemas.
Desde esta perspectiva, el crecimiento de la actividad económica implica la degradación del medio en la medida que agota los recursos naturales; algunos de los cuales no tienen sustituto (minerales como el cromo, el platino...), otros son indispensables : agua, suelo agrícola, aire limpio... y de otros dependemos en exceso : petróleo por ejemplo.
Ademas se están agotando recursos naturales renovables, debido a que su explotación ha aumentado mucho y a menudo por encima de su tasa de regeneración; es el caso por ejemplo de la pesca y la explotación forestal.
La mitad de los bosques que una vez cubrieron la Tierra, 29 millones de kilómetros cuadrados, han desaparecido, y lo que es más importante en términos de biodiversidad, cerca del 78 % de los bosques primarios han sido ya destruidos y el 22 % restante están amenazados por la conversión a otros usos como la agricultura y la ganadería, la especulación, la minería, los grandes embalses, la extracción de madera, las carreteras y las pistas forestales, el crecimiento demográfico y el cambio climático. Un total de 76 países han perdido ya todos sus bosques primarios, y otros once pueden perderlos en los próximos años.
Se calcula que desde 1945 se han deforestado más de 600 millones de hectáreas, que un 20 % de la superficie terrestre con vegetación se encuentra en proceso de degradación y que cada año se deforestan unos 20 millones de hectáreas de bosque tropical (una superficie superior a Gran Bretaña).
Las consecuencias de la deforestación van más allá del agotamiento de la madera y la biomasa como recurso económico. Unos 2.000 millones de personas todavía dependen de la madera como combustible. Los bosques proporcionan además alimento, resinas, aceites, medicamentos y sobretodo contienen la mayor parte de la diversidad biológica y genética del planeta (un 90% de la biodiversidad); absorben y retienen el agua de lluvia, contribuyen al ciclo del agua amortiguando inundaciones, contribuyen a mantener el suelo evitando la erosión, contribuyen a estabilizar el clima, son fundamentales para el ciclo del carbono, que los humanos desestabilizamos con las emisiones de CO2, (los vegetales, los arboles lo absorben).
Millones de personas viven en y de los bosques, la deforestación hace que poblaciones enteras tengan que desplazarse, con la consiguiente perdida de diversidad cultural. Además el uso potencial como reserva genética de la biodiversidad es enorme, un recurso que se esta agotando incluso antes de ser descubierto y conocido. Tampoco hay que olvidar que los bosques proporcionan necesarios espacios de ocio y aprendizaje para muchas poblaciones y que nos permiten entrar en contacto con la naturaleza.
El problema de la deforestación excesiva se relaciona con el de la erosión del suelo, causada por una nociva producción agraria o ganadera, al envenenamiento químico (fertilizantes y pesticidas), por sistemas de irrigación mal planeados, la conversión de usos del suelo y se agrava con el cambio climático. Se calcula que un 51 % de la tierra firme se encuentra moderada o severamente desertizada y que 80 millones de personas viven en áreas de alto riesgo de desertificación.

12 Una economía militarizada

La comunidad internacional destina muchos mas fondos a "defensa" que a la construcción de la paz. Mientras que el gasto militar es casi de un billón de dólares al año, solo se destinan 50.000 millones de dólares a la ayuda oficial al desarrollo. Es interesante recordar que cada año mueren 500.000 personas a causa del uso de las armas, que alguien fabrica y vende, normalmente países del Norte y que cuatro de cada cinco víctimas de las armas ligeras pertenece a la población civil.

La enormidad del gasto militar contrasta con los pocos e insuficientes recursos para hacer frente a las iniciativas de resolución pacífica de conflictos, construcción de la paz, asistencia humanitaria o para afrontar los problemas estructurales de la humanidad. Con una clara falta de voluntad política la mayoría de los gobiernos incumplen año, tras año buena parte de los acuerdos que toman en las grandes cumbres o reuniones internacionales, y se olvidan de las declaraciones que pronuncian ante las cámaras. Así en los últimos años apenas se ha recaudado la mitad o menos de las cantidades que se habían comprometido a aportar a los Programas de Ayuda al Desarrollo y Planes de Acción sobre seguridad alimentaria, lucha contra el hambre, agua potable y saneamiento para todos, prevención del VIH, desarme, desmovilización i reintegración de poblaciones en conflicto, ayuda contra la plaga de langosta que recientemente asoló el Sahel y muchos otros temas para los que prometen aportaciones que luego no cumplen.
www.iansa.org
www.pangea.org/unescopau

Si nos atenemos a las patentes injusticias presentes en la realidad económica mundial no podemos sentirnos excesivamente optimistas respecto a la presencia de la ética en el mundo económico.

11 La perversión de la deuda externa.

Mientras la mayoría de países ricos disminuyen la AOD (Ayuda Oficial al Desarrollo), la deuda externa es una pesada losa que hace que países como Senegal vean aumentar sus pagos por el servicio de la deuda, mas del doble de su gasto público en sanidad y educación. El 90 % de la AOD suele materializarse en créditos, lo que contribuye a que estos países no acaben nunca de estar endeudados.
La deuda externa que lleva incorporados los mecanismos para crecer y hacerse eterna, es un factor primordial en el agravamiento de la situación de los pobres del Sur, sobretodo de los países menos avanzados (PMA). Estos países destinan por termino medio más del 20 % de sus ingresos por exportación al servicio de la deuda. Si este coeficiente se redujera al 1 ó al 2 % -como sucedió en Alemania tras la guerra- podrían invertir en sanidad, educación, medio ambiente...
Las sucesivas renovaciones de crédito han estado agravando el problema; créditos contraídos al inicio de la descolonización, que en principio habían de servir para su desarrollo, pero que a veces fueron a engrosar las arcas de sátrapas y dictadores o invertidos en comprar armamento o en proyecto megalómanos de escasa viabilidad.
El año 2001 el monto total de la deuda ascendía ya a 2,3 billones de dólares. Actualmente están pagando siete veces más de lo que reciben en forma de ayuda al desarrollo, porque la fórmula de los créditos lo que hace sobretodo es imponer intereses sobre la cantidad inicial. El año 2001 los países del Norte transfirieron a los del Sur unos 51.000 millones de dólares en concepto de ayudas al desarrollo, mientras que los del Sur devolvieron en concepto de deuda unos 358.000 millones de dólares, es decir siete veces más. Quién financia a quién ?
La gran cantidad de dinero a devolver ha crecido tanto que hoy la deuda es impagable y se hace eterna. Es una nueva forma de colonialismo. La renegociación de la deuda ha tenido como consecuencia la perdida de soberanía nacional y la imposición del neoliberalismo mas descarnado con la imposición de privatizaciones de servicios públicos importantes : venta de compañías eléctricas, mineras, telefónicas, aéreas, de agua y petrolíferas; así los países endeudados han podido devolver una parte del dinero que debían a la banca americana e intencional a cambio de perder sus industrias básicas, transformadoras o energéticas.
La necesidad de cumplir los pagos de la deuda externa aceleran además la extracción de recursos naturales a un ritmo claramente insostenible. Los intereses compuestos (característicos de la deuda financiera) exigen que el ritmo de pagos crezca cada vez más.

Desde otra óptica totalmente distinta, recientemente y desde diversos ámbitos de los países de Sur comienza a reclamarse lo que se llama la Deuda Ecológica, que es la deuda contraída por los países más industrializados que fueron potencias coloniales, respecto a los países empobrecidos por el saqueo histórico y la explotación actual de sus recursos naturales; por los daños ambientales y sociales producidos por sus multinacionales, por la apropiación ilegítima de los servicios ambientales que la naturaleza del Sur ofrece; por la biopirateria de sus recursos genéticos y por el transporte y almacenamiento de residuos de países del Norte, a menudo peligrosos, a los países del Sur.

Como decíamos antes, en realidad ¿quién debe a quién ? Como medir lo mucho que los países ricos deben a los países empobrecidos por esas causas ? No será que el bienestar y la riqueza de unos se construye a costa del malestar y el empobrecimiento de otros ?

www.debtwatch.org
www.eurosur.org/deudaexterna
www.deudaecologica.org

10 Un intercambio muy desigual.

Los términos del comercio internacional continúan siendo muy injustos. Los países del Sur ha estado vendiendo sus materias primas cada vez más baratas -a excepción del petróleo- y a la hora de comprar productos manufacturados o industriales las han tenido que pagar a menudo a un precio cada vez más elevado. Mientras los precios de las materias primas son fijados en los mercados compradores de Chicago o de Londres en benéfico propio, el precio de los productos industriales son fijados por las multinacionales del Norte. Es decir, que la libre fijación de precios por la oferta y la demanda de la que hablan los libros de economía es mas bien una falacia que una realidad.

A pesar de la enorme incremento del comercio internacional y la progresiva reducción de los aranceles, el libre comercio y el libre mercado tan sólo lo son para una parte del mundo. Al final de la Segunda Guerra Mundial la protección aduanera representaba una media del 40 % sobre los productos, actualmente la media mundial se sitúa en un 4 %. El mundo ha pasado del proteccionismo inicial que favorecía el desarrollo industrial de los países del Norte al "libre mercado" actual bajo las directrices de la OMC (Organización Mundial de Comercio) para impedir la protección de la emergente industria de los países en vías de desarrollo. No permitir que los países del Tercer Mundo se protejan para desarrollarse, es una muestra de hipocresía, con un discurso de doble rasero : oficialmente se alaba el libre cambio, pero cuando interesa aparece el proteccionismo puro y duro de los países ricos.
Así, según las Naciones Unidas los países en desarrollo pierden alrededor de 100.000 millones de dólares al año a causa de las políticas proteccionistas claramente injustas y discriminatorias. Esta cantidad es el doble de lo que reciben anualmente como ayuda oficial al desarrollo. Las barreras arancelarias de los países ricos son cuatro veces más altas para los países pobres que para los industrializados. Los subsidios agrícolas en el Norte excluyen a los países pobres de los mercados mundiales y les supone una injusta competencia en los mercados locales. Mientras que los países ricos mantienen sus barreras sobre sectores que consideran sensibles, han forzado liberalizaciones masivas a través de la OMC y los programas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional en sectores como el agrario, estratégico desde el punto de vista del desarrollo. Así, más de una veintena de países africanos se han convertido en la década de los noventa en importadores netos de alimentos, lo que pone en grave riesgo su seguridad alimentaria. El proteccionismo agrícola y textil de los países industrializados es un serio obstáculo para que los países en desarrollo participen en igualdad de condiciones en la economía mundial. Este estado de cosas ha llevado a algunos observadores internacionales a afirmar que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional destruyen el trabajo de muchas agencias de las NNUU, y donde llega el FMI el hambre aumenta.
El actual orden económico resulta letal para muchos.

9 Las diferencias aumentan

En veinte años la renta per capita mundial se ha más que triplicado y el PIB del planeta se ha multiplicado per seis; el 83 % del cual, está en manos de tan sólo el 17 % de la población mundial.
Desde 1945 el volumen del comercio mundial se ha multiplicado per 14 y sigue aumentado. Los países ricos disfrutan del 50,4 % de este pastel mientras los 48 países más pobres tan sólo del 0,4 %.

Si bien a partir de 1990, cada año el ingreso medio per capita ha aumentado en 40 países, en más del 3 % anual, más de 80 países tienen ahora unos ingresos per capita menores que los que tenían hace 10 años.
Los 1.000 millones de personas -menos de la sexta parte de la humanidad- con rentas más altas obtienen casi el 60 % de los ingresos mundiales, los 1.500 millones con rentas medias, el 20 %, y los 3.500 millones con rentas más bajas el otro 20 %.

Según las estadísticas de la ONU, de los 190 países que hay en el mundo, en términos económicos 30 se consideran ricos y 160 pobres. En los años sesenta del siglo pasado, las estadísticas mostraban como la quinta parte más rica de la población mundial tenían unos ingresos treinta veces superiores (en términos de renta) a la quinta parte más pobre. En los años ochenta la relación se había transformado de 60 a 1, actualmente el último informe de las Naciones Unidas indica una relación de 86 a 1. La distancia entre ricos y pobres cada vez se hace más grande. Es evidente que las desigualdades crecen mas deprisa que el incremento de la riqueza monetaria.
Los ingresos de las 50 corporaciones más grandes como Nestlé, General Motors...son más elevados que la renta conjunta de los 160 países considerados pobres.

A nivel mundial es bien conocido que tan sólo el 20 % de la población mundial mas rica dispone del 80 % del total de recursos del planeta. Tan sólo 258 multimillonarios disponen de una renta anual superior a la renta anual conjunta de 2.600 millones de habitantes, es decir de casi la mitad de la humanidad. O si se prefiere, las tres personas más ricas del mundo poseen una fortuna superior a la suma del PIB de los 48 países más pobres, es decir de la cuarta parte de la totalidad de los estados del mundo. PNUD. Informe sobre Desarrollo Humano.

Dentro de la Comunidad Europea 2,5 millones de habitantes poseen la riqueza de 100 millones, en los EEUU el 1,5 % de la población acumula más riqueza que el 90 % restante. En Centro y Sudamérica la mayor pare de la mejor tierra cultivable está en manos de una pequeña parte de la población y en algunos casos se habla de unas cuantas familias.
Con tan sólo el 12 % del total de la población mundial, EEUU, Canadá y los países de Europa Occidental representan el 60 % del consumo privado mundial. En estas mismas regiones, el gasto anual en cosméticos es de 18.000 millones de dólares, con una cifra equivalente invertida en educación se podría alfabetizar tres veces a la población del planeta.
El Nobel de Economía Josep Stiglitz sostiene que la última década ha mostrado una clara y creciente concentración de la renta y la riqueza entre la población, las empresas y los países.

Para los que creen que la nueva economía, basada en las nuevas tecnologías de la información, puede reducir estas diferencias, tan sólo recordar que la quinta parte más rica de la población mundial dispone de más del 90 % de los accesos a Internet, mientras que la quinta parte más pobre apenas dispone del 0,2 % de las líneas telefónicas; y que dos terceras partes de la población no ha llamado nunca por teléfono.

Como vemos en una situación de abundancia de bienes sin precedentes el número de los que no tienen un techo seguro, agua potable....no tienen trabajo, ni suficiente comida es aún enorme y la distancias con los los más ricos no para de aumentar.

Dentro de los países más ricos la situación está lejos de ser optima. Se estima que entre un 12 y un 15 % de la personas que viven en ellos, están afectadas por la pobreza. En la Unión Europea hay más de 6o millones de pobres. En la mayoría de los países de la OCDE desde 1980 las desigualdades en los ingresos han aumentado.
A pesar que el nivel de pobreza es relativo según los ingresos medios del país, EEUU rozaba los 36 millones de pobres. La pobreza aumentó en 1,3 millones de personas respecto al año anterior.
Los informes de Caritas nos recuerdan que en el estado español hay 8,5 millones de pobres y se confirma que la tendencia aumenta en una progresión del 10,7 % respecto al año anterior.
Las estadísticas oficiales aseguran que crece el número de españoles que manifiestan tener problemas para llegar a fin de mes, un colectivo que sobrepasa el 56 % de la población; de este grupo, casi el 11 % confiesa serias dificultades para afrontar todos sus gastos básicos. El gran riesgo de nuestra economía como pasa en el resto del mundo industrializado, es fomentar, al lado de una sociedad opulenta, que cada vez dispone de más recursos y aumenta el gasto, el desarrollo de otra que habita cerca, en un gueto económico, que no físico, con problemas crónicos de subsistencia.
Un informe de la Fundación un Sól Món asegura que cerca de un millón de personas en Cataluña viven con un nivel de ingresos de poco más de 200 € al mes, inmigrantes y mujeres son los más afectados.
Según un estudio de la Diputación de Barcelona, en el año 2.000 había en la provincia un 18 % de las familias que pasaban el mes con menos del 50 % de los ingresos de la media, frente al 12,5 % del año 1995. En el Área Metropolitana se ha pasado del 12 % al 15,7 %.
En una ciudad como Barcelona hay unas 27.000 familias que pasan hambre y que forman parte de las bolsas de miseria de las modernas ciudades de los prodigios.

8 Las cifras de la vergüenza

Las cifras de la vergüenza son suficientemente elocuentes : En un momento de riqueza material sin precedentes, y mientras las operaciones especulativas del mercado financiero de divisas mueven cada día cerca de 2 billones de dólares; casi la mitad de la humanidad (2.818 millones de personas) vive como puede con menos de dos dólares diarios -100 millones más que en el año 1990. Y de estos, cerca de 1.200 millones sobrevive con menos de un dólar al día.

Según el Banco Asiático de Desarrollo, cerca de 1.900 millones de personas (el 60 % de la población) viven en Asia con dos dólares diarios, y 688 millones (el 21,5 % de los asiáticos) apenas pueden sobrevivir con ingresos inferiores al dólar por día.

300 millones de africanos -el equivalente a la población de la zona euro- viven en situación de extrema pobreza. Las guerras, el sida, la malaria y la tuberculosis diezman la población y han dejado 14 millones de huérfanos, 14 millones de niños que deambulan por Africa sin esperanza ni futuro.

Según el informe anual 2003 de la FAO, el número de personas desnutridas sólo disminuyó en nueve millones entre 1992 y 2002; sin ninguna excusa científica, económica, política, ni social, el hambre atenaza actualmente a 852 millones de personas y mata cada año a 5 millones de niños menores de 10 años. Cada siete segundos muere de hambre un niño menor de 10 años, cada cuatro minutos alguien se vuelve ciego por falta de vitaminas; mientras existen recursos para alimentar debidamente al doble de la actual población mundial.
Según la ONU cerca de un tercio de todos los hombres, mujeres y niños del África subsahariana están gravemente mal nutridos y 45 millones de personas en el mundo han tenido que vivir de la ayuda humanitaria, el doble que en 2002.

Del 15 % de la población mundial no se puede decir que tengan casa; 1.000 millones de personas -una de cada seis- vive en tugurios insalubres. Como siempre, el 80% de los afortunados con la infravivenda viven en las ciudades subdesarrolladas. En Brasil por ejemplo hay 15 millones de personas sin techo, y por aquí se sabe que 100.000 viven en portales o cajeros automáticos.

Un reciente informe conjunto de la OMS y la UNICEF alerta que más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua que se pueda llamar potable. Más de 2.600 millones de personas (el 40% de la población mundial) no disponen de servicios de saneamiento básicos, lo que favorece la proliferación de enfermedades. Las infecciones diarreicas per ejemplo, causan 1,8 millones de muertes al año (casi 5.000 al día), la mayoría niños menores de cinco años, y debilitan además, a millones de personas.

A pesar de los grandes avances de los últimos 50 años, las condiciones de salud en el mundo muestran un creciente distanciamiento entre ricos y pobres. El 40 % de la población mundial no tiene acceso a asistencia sanitaria básica.
A escala mundial, la mortalidad infantil se ha reducido de 147 muertes per 1.000 nacidos vivos en 1970 a cerca de 80 en el 2002 (según datos de la OMS). A pesar de los enormes esfuerzos para proteger la infancia, aún mueren más de 10,5 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo. Prácticamente todas estas muertes son en países pobres y casi la mitad en Africa, donde en algunos países los niveles de mortalidad entre menores de cinco años son superiores a los de 1990. Les condiciones perinatales y una alimentación insuficiente, así como les enfermedades infecciosas y parasitarias, son les principales causas de la muerte de los niños en los países con elevado índice de mortalidad. En cambio, los descensos mas impresionantes en mortalidad infantil se han dado en los países desarrollados y en vías de desarrollo en los que ha mejorado la situación económica.
Mas del 30% de la población del Africa subsahariana tiene hoy día una esperanza de vida inferior a los 40 años. Y más de medio millón de mujeres mueren cada año en el mundo a causa de complicaciones durante el embarazo.

Respecto al SIDA, les cifres no dejan de impresionar : En 2003, casi cinco millones de personas se infectaron por el VIH, la cifra más alta de infecciones en un sólo año desde el comienzo de la epidemia. A nivel mundial, el número de personas que viven con el VIH continúa creciendo, de 35 millones de 2001 a 42 millones de 2004, la mayoría en países pobres que no tienen acceso a la necesaria asistencia sanitaria y los tratamientos les resultan inalcanzables. El mismo año, cerca de tres millones de personas fallecieron a causa del Sida; desde que se identificaron los primeros casos en 1981, han fallecido más de 20 millones de personas.

Siete millones de personas mueren anualmente en el mundo por enfermedades prevenibles o curables como la tuberculosis o la malaria, la mayoría pobres claro, por que los grandes laboratorios no encuentran demasiado interés en investigar y fabricar a precio asequible medicamentos adecuados.
En el 2002 las enfermedades infecciosas mataron a 14,9 millones de personas en todo el mundo. Resurgen las conocidas y aparecen nuevas.

El número de trabajadores excluidos del mercado laboral es superior a los 1.000 millones, a los que habría que añadir las personas que tienen a su cargo. El 80 % de la población del planeta no dispone de protección social.

Mil millones de niños no tienen acceso a servicios esenciales para su desarrollo. La pobreza, los conflictos armados y el sida amenazan la vida de la mitad de los niños del mundo. Unicef alerta de ello en su informe anual y dice que las políticas gubernamentales para paliar la situación han fracasado. 674 millones de niños y niñas, una tercera parte de los nacidos en los países en vías de desarrollo, viven en la absoluta pobreza.
250 millones de niños y niñas menores de 14 años se ven obligados a trabajar. Unos 180 millones menores de 17 años (uno de cada ocho) lo hacen a menudo en largas jornadas, en condiciones duras, por sueldos bajísimos, y sin ningún derecho laboral. Cuatro de cada cinco no cobran nada y se puede hablar de auténtica esclavitud. A menudo son vendidos por sus familias para pagar deudas. Fuente : OIT.

L'ONU, la UNICEF y la OIT calculan que hay unos 100 millones de niños que viven en la calle (uno de cada 10), la mitad en América del Sur, entre 25 y 30 millones en Asia y otros tantos en Africa y Europa Oriental. La mayoría de ellos tiene entre 5 y 16 años, aunque son frecuentes los casos de niños de 3 o 4 años que siguen a sus hermanos mayores.

Las redes de prostitución mantienen atrapados a unos 100 millones de menores en todo el mundo, la mayoría jóvenes y niñas; cada año un millón de menores de entre 3 y 17 años, son ingresados en este sórdido negocio del sexo. (datos UNICEF). En los últimos veinte años, cerca de 60 millones de niños, según las cifras de las organizaciones no gubernamentales, han sido vendidos con fines de explotación sexual. Por otro lado no esta de más recordar que la explotación sexual infantil no es un fenómeno exclusivo de los países más empobrecidos. Mientras, "la industria del sexo" según un informe del Parlamento Europeo mueve entre 5.000 y 7.000 millones de dólares al año; más de 60 mil millones de dólares en el mundo.

Según la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) la inversión necesaria para cubrir las necesidades básicas de la infancia mundial (nutrición adecuada, agua potable, asistencia sanitaria y educación primaria) es de 25.000 millones de dólares. Los europeos nos gastamos 50.000 millones al año -el doble- en cigarrillos.

Si bien es cierto que les cifres de analfabetismo en el mundo se han reducido mucho en los últimos años, según las estadísticas de la UNESCO, todavía el 20,3 % de la población mayor de quince años no ha podido aprender a leer y escribir; lo que significa 862 millones de personas adultas, los dos tercios de las cuales son mujeres. La mayor parte se concentra en Africa, donde llega al 40 %, mientras en Europa apenas se llega a un 1 %.
125 millones de niños en el mundo, de los que dos tercios son niñas, no asisten a la escuela. Otros 150 millones dejan la escuela antes de haber completado cuatro años de enseñanza, considerado el mínimo para adquirir las habilidades básicas de alfabetización. (Fuente: UNICEF)

7 Dinero con alma

Frente a la flagrante irresponsabilidad del actual sistema económico y financiero dominante respecto a las nefastas consecuencias ecológicas y sociales que genera; desde hace unos años se esta difundiendo por el Sur y el Norte del mundo un amplio y variado movimiento de gestión ética del dinero.

En el Sur se crearon y siguen creciendo las organizaciones que facilitan el acceso al crédito a la población más empobrecida. En el Norte nuevos tipos de instrumentos financieros fomentan y facilitan la responsabilidad social y ambiental en el uso del ahorro. Muy lejos de la ciega deriva especulativa de los mercados financieros, estas iniciativas configuran una conciencia y una practica que devuelve a la economía su sentido original básico : la satisfacción de las necesidades de todos los ciudadanos.

6 La economía en la sombra : los paraísos fiscales

Los paraísos fiscales no sólo permiten pagar menos impuestos o no pagarlos en absoluto sino también esconder la procedencia ilícita del dinero sucio y de la criminalidad financiera, que se amparan en sus peculiares legislaciones, o mejor dicho, en la ausencia de legislación que posibilita su existencia.

Aunque los paraísos fiscales existieron desde la antigüedad, su auge y multiplicación se produce en la segunda mitad del siglo XX, en estrecha relación con la mundialización financiera y económica, nacida a su vez de la liberalización y la desreglamentación de las actividades financieras, aceleradas desde hace unas tres décadas. Han conocido un desarrollo espectacular a partir de los años setenta, y siguen una distribución geográfica determinada por los grandes polos económicos mundiales: Estados Unidos, Europa y Asia. Casi todos los países de Europa tienen su propio paraíso fiscal y a veces dentro del propio territorio. Una buena parte de los paraísos fiscales son ex colonias todavía dependientes de la antigua metrópolis, y más de la mitad son antiguas colonias de la Corona Británica (Islas Caimán, Bahamas, Islas Vírgenes, Gibraltar, Pitcairn...), así como lugares bajo su tutela en la zona del canal de la Mancha (isla de Jersey, islas Guernesey, isla de Man); cuya soberanía ficticia sirve de taparrabos a una delincuencia financiera no sólo tolerada, sino alentada, por ser útil y necesaria al funcionamiento de los mercados. La City de Londres —como las otras grandes plazas financieras— trabajan con este dinero, mediante el trato de favor a los “domiciliados no residentes”, un estatuto hecho a medida para atraer a los armadores griegos, los bolsistas franceses o las grandes fortunas de Oriente Próximo. Lo demuestra la constante oposición del Reino Unido, así como de Luxemburgo y los Países Bajos, a toda tentativa de armonización fiscal en el ámbito europeo y a controlar y gravar los movimientos de capitales. Holanda cuenta con el llamado privilegio de filiación. Dicha ventaja fiscal para las sociedades holding consiste, simplemente, en que no tributan nada, no pagan un florín por los dividendos y ganancias que les reporten sus filiales.


El efecto de los paraísos fiscales como Luxemburgo, Suiza, Andorra, Liechtenstein, Mónaco, San Marino... va más allá de la pérdida de recaudación por fraude fiscal, y la consiguiente reducción de ingresos para financiar políticas públicas; favorecen la deslocalización de empresas y su mera existencia ejerce sobre los demás gobiernos una presión para reducir los impuestos a las empresas y a los ricos, a fin de evitar el aumento de la evasión de capitales. Así, Alemania, los Países Bajos, Dinamarca y otros países justifican la introducción de ventajas fiscales a los holdings alegando que es para impedir la fuga de capitales hacia los paraísos fiscales.

Suiza lava más blanco
En casi todo el mundo, la evasión fiscal es un delito sujeto a la justicia penal. Pero no en Suiza, donde la falsedad en la declaración de la renta o la sustracción intencionada de ganancias imponibles son sólo infracciones administrativas. Por otro lado, según la ley suiza todo empleado que brinde información sobre la identidad de sus clientes, aunque sea a su gobierno, comete una acción criminal. Gracias a su sistema bancario hipertrofiado, a la defensa del sacrosanto secreto bancario y las cuentas numeradas; la acogida, la custodia, el encubrimiento y la reinversión de los capitales en fuga de todo el mundo son los fundamentos de la prosperidad helvética. Se calcula que en Suiza residen a salvo de miradas indiscretas el 27 % del conjunto de los mercados financieros offshore (extraterritoriales) del mundo. Con este porcentaje, la Confederación se encuentra muy por delante de Luxemburgo y los diversos paraísos fiscales del Caribe y del Extremo Oriente. Al abrigo del secreto, se hacen fructificar más de 3 billones de dólares de fortunas privadas extranjeras; siendo los haberes extranjeros llamados institucionales (fondos de pensión, etc.) netamente minoritarios. El fraude organizado, el contrabando y otras actividades ilegales perpetradas a partir del territorio helvético son evaluadas por la Comisión Europea en 1.000 millones de euros por año. El dinero de la corrupción y del pillaje de los Estados del Tercer Mundo por dictadores y elites locales es la segunda gran fuente de la fabulosa riqueza del paraíso helvético. Suiza practica la libre convertibilidad de las monedas. Su “neutralidad” política, el cinismo y la extremada competencia de sus banqueros han incitado tradicionalmente a los dictadores de toda calaña -los Sani Abacha (Nigeria), Mobutu (Zaire), Jean-Claude Duvalier (Haití), Marcos (Filipinas), entre otros- a depositar con toda confianza el fruto de su rapiña en el paraíso suizo. Pero es tal la complejidad de la ley helvética que son muy pocos los gobiernos africanos, latinoamericanos o asiáticos que tuvieron ocasión de recuperar apenas unas migajas de las fortunas de sus dictadores depuestos. Jean Ziegler, profesor de la universidad de Ginebra. Le Monde Diplomatique, febrero de 2001.

Andorra, Mónaco, Liechtenstein, Liberia, las islas Marshall o las islas Caimán son algunos, quizá de los más activos, paraísos fiscales que existen en el mundo. En la Unión Europea, Gibraltar es uno de los centros más dinámicos; con apenas 10 km. cuadrados de superficie, alberga 30.000 sociedades fantasmas para el blanqueo del dinero sucio, según el FMI.
Hace veinte años solamente había unas cuantas jurisdicciones de paraísos fiscales, atendidas por unos cuantos profesionales de las finanzas e inalcanzables para muchos individuos y empresas. Pero eso fue antes del desmantelamiento mundial de los controles sobre los flujos internacionales de capital y antes de la revolución de las comunicaciones electrónicas. Hoy la industria financiera extraterritorial u offshore (para no residentes) es un gran negocio global, de hecho es una enorme economía en la sombra. Tales jurisdicciones compiten entre sí y con el resto del mundo para atraer al capital flotante ofreciendo entornos fiscales bajos o nulos y la ocultación de la propiedad.
Con ello, los estados están perdiendo soberanía en materia de política fiscal, puesto que se ven forzados a competir ofreciendo ventajas para atraer al capital flotante. Desaparece el control democrático de la tributación del capital, sobre la que el ciudadano no tiene ningún control. Esta competencia fiscal a la baja y los paraísos fiscales reducen los ingresos tributarios que de otra manera podrían contribuir a los servicios públicos, al desarrollo y a la reducción de la pobreza. Las grandes fortunas pagan cada vez menos. Luego, los estados de la Unión Europea recortan servicios sociales a los ciudadanos.

El valor de los activos depositados en paraísos fiscales, libre de impuestos o sujeto a unos impuestos mínimos, alcanza por lo menos los 11 billones de dólares, más de un tercio del PIB anual mundial (3). Estimación de J.Christensen de AABA, citado en “ Tax Avoiders Rob Wealth of Nation”, 17/11/02, The Observer.

El total de los fondos que pasan anualmente a través de los sectores de los servicios financieros de los paraísos fiscales es equivalente en términos generales al comercio total mundial de bienes y servicios (unos 7 billones de dólares) (4). Oxfam GB Policy Paper, “Tax Havens: Releasing the Hidden billions for poverty erradication”, 2000 (Oxfam GB).

La industria extraterritorial u offshore (para no residentes) en su conjunto está implicada en la mitad aproximadamente del valor de las transacciones financieras del mundo (5). Offshoresimple.com (offshore professionals) en http://www.offshoresimple.com/tax_havens_history.htm

Las pérdidas de ingresos fiscales de los países en desarrollo ascienden por lo menos a 50.000 millones de dólares, más o menos la misma magnitud que los flujos anuales de ayuda económica (6); mientras el Reino Unido pierde al menos 20.000 millones de libras al año a causa de los paraísos fiscales (7).
(6) Oxfam GB, 2000 op.cit.
(7) “Big Business Still Dodging the Tax Issue”, 12/01/03, The Observer.

Por otro lado con un incremento anual de los ingresos fiscales de tan solo un 0,5 % de los activos depositados en estos paraísos para el dinero, se podrían financiar por completo los Objetivos del Desarrollo del Milenio de la ONU. para reducir a la mitad la pobreza mundial en el 2015.

Para blanquear y evadir impuestos en los paraísos fiscales son imprescindibles las empresas-pantalla, las llamadas sociedades instrumentales, empresas fantasma que no existen o que simulan su existencia con una simple dirección postal. Cada año se crean en el mundo 150.000 sociedades extraterritoriales (que no exigen la residencia) opacas -trust, fundaciones, holdings- destinadas a ocultar al identidad de sus verdaderos beneficiarios. Se calcula que hay en el mundo bastante más de un millón de ellas.
Con un simple juego de escrituras se puede exportar o expatriar el patrimonio a esos agujeros negros de la economía y las finanzas mundiales.
Prácticamente todos los grandes escándalos económicos de los últimos años están relacionados de alguna forma con los paraísos fiscales: las cuentas secretas del BBVA (España) en Jersey, filiales de Enron (EEUU) en las islas Caimán o las sociedades de Parmalat (Italia), Elf (Francia) o el Banco Santander Central Hispano domiciliadas en varios paraísos fiscales, por poner solo unos ejemplos. Esas grandes estafas han perjudicado o arruinado a millones de pequeños y medianos accionistas, pensionistas y empleados.
Según la memoria 2002 del BBVA, esta entidad ha obtenido 221,8 millones de euros, con 36 sociedades radicadas en paraísos fiscales. En España, la Fiscalía Anticorrupción ha detectado un incremento de la delincuencia financiera en los últimos años; en el 2001 el blanqueo de capitales aumentó un 57% sobre el año anterior.

En las dos últimas décadas miles de millones han desaparecido de las contabilidades nacionales y han ido a parar a esos paraísos. Se calcula que la evasión de impuestos a gran escala en países desarrollados reduce hasta un 15% los ingresos de los estados y, en consecuencia, las inversiones en educación, sanidad y seguridad. Además, la corrupción tiene en los paraísos fiscales los cómplices imprescindibles donde guardar y camuflar el fruto de sus rapiñas: esa corrupción retrasa el desarrollo social, como reconoce el propio FMI, o precipita directamente a la ruina. El caso de Argentina es significativo: el dinero evadido o robado al erario público que fue a paraísos fiscales equivalía casi al monto total de la deuda externa que ahoga al país.

Los paraísos fiscales reciben el dinero de todo el mundo y lo hacen “trabajar” en los circuitos internacionales sin necesidad de justificar su origen y bajo un anonimato absoluto, y además, con tarifas más bajas que la media del sector. Se calcula que en ellos estén depositados más de cinco billones de dólares, una cantidad cincuenta veces superior al presupuesto de la Unión Europea. Esta actividad atrae la presencia de gran número de bancos y otros establecimientos financieros. De hecho, no es de extrañar que los principales bancos de todo el mundo tienen establecidas sucursales en ellos, incluidas entidades tan honorables como la Caixa, Caja Madrid, el Banc de Sabadell....en la que confiadamente depositamos nuestros ahorros.

Paradójicamente, utilizan las reglas de un mundo en vías de desaparición -aquél en el que la soberanía se define como un dominio territorial- para hacer totalmente virtuales y opacas la economía y las finanzas mundiales. En una perversión del principio de soberanía imponen, en efecto, legislaciones cuya única finalidad es escapar a las normas e investigaciones legales de los demás países. Son unos microestados, cuya soberanía internacional es a menudo imprecisa o discutible en el plano jurídico, o bien son parte del territorio de algún país admitido en el concierto de los Estados, pero que protege las actividades que allí se ocultan.
Mientras que el derecho de injerencia se reivindica para resolver ciertos conflictos, continúa prohibiéndose, en nombre del principio sagrado de la soberanía nacional, cualquier interferencia sobre los países que mercadean esta soberanía y venden su legislación al mejor postor.
En condiciones de imponer planes de ajuste estructural draconianos a decenas de países bajo el yugo del FMI y el Banco Mundial, de someter durante décadas a embargo a Estados (Irak, Irán, Libia, Cuba), de negociar permanentemente abandonos de soberanía, las grandes potencias y la “comunidad internacional” parecen incapaces de presionar a un puñado de minúsculos pseudo-Estados, a menudo bajo protectorado, para que se amolden a un
conjunto de normas comunes... ¡en nombre del respeto a su soberanía y a su independencia nacional!

El volumen de dinero que circula allí ha crecido tanto en los últimos años con la globalización de los mercados financieros, que el fenómeno preocupa incluso al “establishment” económico-financiero y a los propios gobiernos que los han impulsado o permitido con su apatía y falsa tolerancia. Ha llegado un punto en que la delincuencia financiera no es un hecho marginal producto de la actividad de un grupo de delincuentes profesionales, sino que, como dice un autor : “el dinero negro es la sangre del sistema económico y del poder”, forma parte del núcleo del entramado financiero de la economía globalizada. Una realidad que se manifiesta en la aparición continuada en los medios de comunicación de escándalos financieros protagonizados por banqueros, políticos, profesionales y delincuentes financieros de toda clase que al realizar sus operaciones fraudulentas utilizan invariablemente los paraísos fiscales.
Presentada sistemáticamente bajo forma de “escándalos” que envuelven en algún país, de modo episódico, una empresa o un banco, un responsable o un partido político, un cártel o una mafia; la delincuencia financiera pierde su legibilidad. Esta masa de transacciones relativas a operaciones ilícitas -calificadas de crimen o delito según unas leyes nacionales o un acuerdo internacional- suele reducirse a una sucesión de disfunciones accidentales de la economía y la democracia liberales que una “buena gobernancia” podría resolver. Todo lo contrario de lo que es en realidad: un sistema coherente, íntimamente relacionado con la expansión del capitalismo moderno, y basado en una asociación de tres partenaires: gobiernos, empresas transnacionales y mafias.

De hecho la intersección entre economía legal y economía criminal marca la orientación de los movimientos financieros mundiales. Las grandes organizaciones delictivas no pueden asegurar el blanqueo y el reciclado de las fabulosas ganancias obtenidas con sus actividades sin la complicidad de los medios y el laisser-faire del poder político. Para reforzar y acrecentar sus posiciones y sus beneficios, aplastar o resistir a la competencia, conseguir los “contratos del siglo”, financiar sus operaciones ilícitas; las empresas transnacionales necesitan el apoyo, la complicidad, o la tolerancia de los gobiernos y la neutralidad de las instancias de regulación. En cuanto al personal político, directamente participante, su poder de intervención depende de los apoyos y de la financiación que garantiza su permanencia en el poder. Esta convergencia de intereses constituye un componente esencial de la economía mundial, el lubricante indispensable para el “buen” funcionamiento del sistema.
En la competencia desenfrenada de la guerra económica todos los golpes son válidos. La panoplia está bien provista: ententes y cárteles, abuso de posición dominante, dumping y ventas forzadas, información privilegiada y especulación, absorción y despiece de competidores, balances falseados, manipulaciones contables y de precios de transferencia, fraude y evasión fiscal por filiales offshore y sociedades pantallas, malversación de fondos públicos y mercados trucados, corrupción y comisiones ocultas, enriquecimiento no justificado y abuso de bienes sociales, vigilancia y espionaje, violación de las reglamentaciones en materia laboral y libertad sindical, de higiene y seguridad, de cotizaciones sociales, de contaminación y ambientales. A esto hay que añadir las prácticas vigentes en las zonas francas, multiplicadas en el mundo, Europa incluida; zonas total o parcialmente fuera de la ley común, en particular en materia social, fiscal y financiera.

Encontramos este tipo de operaciones en todos los grandes sectores de actividad y en todos los mercados: armas, petróleo; obras públicas; transporte aéreo, ferroviario y marítimo; telecomunicaciones; banca y seguros; química; agroalimentación... Acarrean considerables malversaciones de fondos, salidos de cuentas lícitas de sociedades transnacionales para reaparecer en los paraísos fiscales. Un fantástico pillaje que jamás aparecerá en ninguna contabilidad global.
Para realizarlas, sus autores tienen necesidad del poder de las organizaciones internacionales, especialmente de su aptitud para decretar el mínimo de reglamentaciones restrictivas, para suprimir las que existen o hacerlas inaplicables; retardando indefinidamente las investigaciones e instrucciones y paralizándolas, y para reducir o amnistiar eventuales sanciones. En compensación, se ofrecen a “financiar la democracia”: campañas electorales de los partidos, promoción de los personajes políticos y altos funcionarios que más prometen, seguidos por un ejército de agentes de influencia, lobbies encargados de ayudarlos a adoptar las “buenas opciones” y de corromperlos, y presentes en todas las instancias de decisión.

Llegado el caso, casi no hacen muchos ascos en recurrir a los servicios de organizaciones criminales, profesionales. Contra los trabajadores : truhanes de la patronal y sindicatos amarillos, rompehuelgas, policía privada y escuadrones de la muerte actúan en la mayoría de sus filiales y proveedores deslocalizados en los países del Sur. Contra accionariados indóciles : el control de yakuzas durante las asambleas generales. O aún, para la ejecución de “contratos”, contra intermediarios que se vuelven demasiado molestos o investigadores demasiado curiosos: se ha perdido la cuenta de los hombres de negocios, banqueros, políticos, jueces, abogados o periodistas que se “suicidaron” con un capuchino al cianuro, colgándose o cayendo de un décimo piso con las manos atadas a la espalda, pegándose dos tiros en la cabeza, ahogándose vestidos en un charco o en su bañera, resbalando bajo un autobús, en una cuba de hormigón o de ácido, cayendo desnudo al mar, desde su yate lleno de guardaespaldas; volatilizados en vuelo o en coche...
De hecho, la gran delincuencia actual, se basa en la capacidad de aprovechar los diferenciales causados por los déficits de regulación política, económica, jurídica y social en cualquier rincón del planeta y en cualquier momento.

Los bancos y grandes empresas están ávidas de captar, después de haberlas blanqueado, las ganancias de los negocios del crimen organizado. Al lado de las actividades tradicionales -droga, extorsión, secuestro, juego, proxenetismo (de mujeres y niños), contrabando (alcohol, tabaco, medicinas...), atracos, falsificaciones, fraude fiscal y malversación de caudales públicos-, prosperan nuevos mercados : contrabando de inmigrantes ilegales, y de éxodo de refugiados, tráfico de órganos humanos, piratería informática, tráfico de objetos de arte y antigüedades, de automóviles robados y sus repuestos, de especies protegidas, falsificación, tráfico de armas, de residuos tóxicos y de productos nucleares...

Los beneficios obtenidos anualmente del tráfico de drogas (cannabis, cocaína, heroína) representarían entre 300.000 y 500.000 millones de dólares (sin contar las drogas de síntesis, en desarrollo explosivo), o sea del 8 % al 10 % del comercio mundial. La cifra de negocios de la piratería informática supera los 200.000 millones de dólares; el de la falsificación de marcas, los 100.000 millones; de 10.000 a 15.000 millones por fraude al presupuesto comunitario europeo; una veintena de miles de millones por el tráfico de animales protegidos, etc.
El tráfico de armas, junto con el narcotráfico y la prostitución, es una de las actividades ilegales más rentables en todo el mundo. Según la Cruz Roja Internacional las armas ligeras han causado más de cuatro millones de muertes desde 1990; sin duda, muchísimas más que las que pudieran causar todas las drogas durante décadas y décadas. De esos cuatro millones de víctimas, más de tres millones y medio son civiles, de los que casi tres millones son mujeres y niños. Toda una heroicidad. Según datos del diario británico The Guardian, 550 millones de armas ligeras circulan alegremente por el mundo, de las que casi 250 millones son poseídas ilegalmente y por tanto compradas y vendidas al margen de la ley, por otro lado no muy restrictiva.

Investigadores de todo el mundo concluyen que la financiación de grupos terroristas es inseparable de los paraísos fiscales. Según un estudio de la economista Loretta Napoleoni de la London School of Economics, el terrorismo mueve al año alrededor de 500.000 millones de dólares. Ese dinero precisa ser blanqueado para comprar armas, pagar pisos francos y viajar de un lado a otro. Según Napoleoni, los grupos terroristas actuales consiguen dinero en un país, lo transfieren a otro y actúan en un tercero. Una situación típica para utilizar paraísos fiscales, tal como descubrió la policía española en 2002: la banda terrorista ETA había blanqueado grandes sumas en paraísos fiscales a través de sociedades instrumentales. Como vemos en esos “paraísos” convergen terroristas, políticos corruptos, mafias organizadas y delincuentes de cuello blanco que dirigen grandes empresas.


En total, teniendo en cuenta sólo las actividades de dimensión transnacional, el producto delictivo mundial supera largamente el billón de dólares anuales, lo que equivale a cerca del 20 % del comercio mundial y a más del triple del volumen de dinero que mueve la industria petrolera. Admitiendo que los costes (producción y proveedores, intermediarios y corrupción, gastos de inversión y de gestión, pérdidas por confiscación y represión...) representen a grosso modo el 50 % del volumen de negocio, quedan 500.000 millones de beneficio anuales. O sea, en diez años, 5 billones de dólares, más del triple del total de las reservas en divisas de todos los Bancos Centrales.
Para gestionar este inmenso yacimiento, las grandes organizaciones delictivas tienen absoluta necesidad de la ayuda del sistema financiero internacional para blanquear ese dinero y reciclarlo en el circuito legal. Y están dispuestos a pagar el precio. El coste de la operación: alrededor de un tercio, o sean 150.000 millones de dólares repartidos entre redes bancarias e intermediarios: abogados, corredores, gerentes de trusts...Al final de las cuentas, anualmente se blanquean y se reinvierten más de 350.000 millones de dólares, es decir, casi 1.000 millones diarios. Ningún sector de actividad se aproxima a estas cifras, y nadie puede rivalizar con tal capacidad, que representa entre la mitad y los dos tercios de las inversiones directas en el extranjero (IDE).

Las organizaciones delictivas multinacionales, en tanto que adeptas al mercado y a una mundialización cuyas lógicas controlan perfectamente, no recargan las cajas de ahorro. Buscan las tasas de beneficio más altas: inversiones de riesgo y especulación financiera (cuya burbuja inflan), mercados emergentes, sector inmobiliario, nuevas tecnologías. Sin dejar de asegurarse sólidas rentas en las joyas de la industria y el comercio. Son el lubricante de la enorme expansión del capitalismo moderno, en asociación permanente con las transnacionales, en las que invierten, y con los bancos, que gestionan sus inversiones. Les resta suficiente dinero para mantener su tren de vida y participar en la financiación y en la corrupción de los partidos y dirigentes políticos que mejor mantengan en el Estado un sistema que les resulta tan favorable.
En realidad la carrera desenfrenada en pos de los beneficios y la acumulación de capital se traduce en robo generalizado del producto del trabajo de la humanidad y de las riquezas comunes, acarreando la corrupción de las costumbres de las clases dirigentes.
Christian de Brie, Observatorio de la mundialización. ATTAC-Sorbone

Pese al carácter disolvente y desintegrador de los paraísos fiscales, y a pesar de que el propio FMI reconoce que su enorme dimensión supone riesgos para el propio sistema financiero internacional, las instituciones financieras internacionales no han dado ningún paso para su erradicación. En realidad no es probable que ni el FMI, ni el Banco Mundial, ni la OCDE tengan intención real de hacerlos desaparecer. La OCDE, que agrupa a los países más desarrollados del planeta, ha tardado once años en acordar un amago de definición de paraíso fiscal. No es de extrañar porque entre sus miembros hay dos paraísos fiscales : Suiza y Luxemburgo. A pesar de la clara relación de los paraísos fiscales con la inestabilidad financiera internacional, el blanqueo, la corrupción, la financiación del terrorismo y de la delincuencia internacional, EEUU no tiene demasiado interés en suprimirlos y los países europeos no se pone de acuerdo; ni siquiera se ha logrado que los países de la Unión intercambien información fiscal de forma operativa.
Las declaraciones de intenciones de los jefes de estado y de gobierno, salmodiadas como una letanía ritual en el curso de cada cumbre internacional, no llegan a nada, porque en realidad no se quiere tocar lo esencial. Los resultados de la lucha contra el blanqueo, la corrupción, el fraude y los tráficos internacionales son ridículos. Apenas representan una ínfima fracción de una delincuencia que estalla por doquier.

Resulta inadmisible que la comunidad internacional, particularmente Estados Unidos, Gran Bretaña y los estados europeos, mantengan el principio de la disparidad y de libre competencia fiscal, y toleren y acepten los paraísos fiscales, y que su pervivencia sea totalmente ignorada por el proyecto de Tratado-Constitución europea, actualmente en debate.

Sabiendo que los gobiernos y las organizaciones internacionales no están por la labor, corresponde a la sociedad civil obligarlos a enviar esos paraísos al infierno.
El peligro que significa su nocividad y su integración en el sistema económico mundial suele ser subestimado y poco conocido en profundidad por la opinión publica. El reconocimiento de la escala y la importancia de lo que está ocurriendo no está muy extendido, pero esto está cambiando. Las redes de académicos, investigadores, profesionales y activistas están uniendo fuerzas para revelar la amenaza que representa la competición fiscal para el desarrollo y para la democracia. Así la existencia de una criminalidad financiera internacional que utiliza los paraísos fiscales para el lavado de dinero “sucio” está siendo desvelada por diversos movimientos sociales que en el III Foro de Porto Alegre impulsaron la creación de la Red Global por la Justicia Fiscal. (www.taxjustice.net) Es un centro tanto de investigación como de realización de campañas, una nueva iniciativa que busca suscitar el debate y apunta al establecimiento de una coalición mundial para señalar y resistir la amenaza a la democracia y al desarrollo que representa la competición fiscal ilimitada.

En el Reino Unido, la Association for Accountacy and Business Affairs (AABA) (Asociación para los Asuntos de Contabilidad y Negocios) difunde estas cuestiones y presiona en favor de reformas, proporciona un excelente punto de partida para la información e investigación en http://visar.csustan.edu/aaba/aaba.htm (este sitio opera desde los EEUU para beneficiarse de la legislación sobre libertad de información). La página “Offshore Watch” (visar.csustan.edu/aaba/jerseypage.html) informa de novedades y artículos sobre temas actuales que pueden constituir la base para breves cartas a los parlamentarios y a los medios de comunicación.

En toda Europa, la red de ATTAC (www.attac.org) ofrece noticias y actividades de las campañas en torno a esta y otras cuestiones de la globalización financiera.

En los EEUU, Citizens for Tax Justice (www.ctj.org.) Ciudadanos por la justicia fiscal, es un grupo muy consolidado que aborda principalmente cuestiones estadounidenses.

War on Want, Guerra a la Miseria (waronwant.org) presta su apoyo a todos los esfuerzos de investigación y de acción para un recorte serio del papel de los paraísos fiscales en la economía global, y la garantía de que la competición fiscal prosiga solamente donde pueda ayudar a la reducción de la pobreza.

La Red Global por la Justicia Fiscal considera que es necesario instaurar el derecho de injerencia internacional en los paraísos fiscales, para lo cual es necesario romper la sacralidad del secreto bancario. La creación de un espacio judicial y una fiscalía contra la delincuencia financiera a nivel continental e internacional es la pieza básica, junto con el establecimiento de un cuerpo jurídico compartido. Éste es el instrumento clave para realizar las investigaciones pertinentes, obligar a las entidades bancarias a conservar las pistas de las transacciones, rescatar los fondos de dinero “sucio”, desvelar las redes de “empresas tapadera”, establecer el principio de residencia para la fiscalidad empresarial y decretar el encarcelamiento de los delincuentes financieros.

Oxfam (oxfam.org) es de las pocas ONG internacionales que ofrece cifras sobre los movimientos de capitales en los paraísos fiscales, aunque siempre son cálculos aproximados por la propia opacidad de estos movimientos. “Las pérdidas de ingresos fiscales de los países en desarrollo ascienden por lo menos a 50 mil millones de dólares, más o menos la misma magnitud que los flujos anuales de ayuda al desarrollo”, refleja su estudio.

Global Witness, (globalwitness.org) una ONG británica, ha publicado recientemente un informe en el que detalla el uso de paraísos fiscales para el pago que realizan empresas petroleras transnacionales a gobernantes corruptos, entre los que destaca el dictador de Guinea Ecuatorial. Fundada en 1993 y con centro en Londres trabaja para esclarecer las relaciones entre la explotación de los recursos naturales y los abusos de los derechos humanos, particularmente cuando su explotación como en las explotaciones madereras, la extracción de diamantes y la extracción de petroleo... implica perpetuar el conflicto y la corrupción.
Un juez argentino ha decretado la orden de captura internacional de Menem por el origen de los fondos que tiene depositados en un banco suizo. La delincuencia financiera está siendo combatida por redes de jueces y fiscales articulados a través de la declaración de Ginebra y por movimientos sociales, entre los que destaca Attac con su campaña contra los paraísos fiscales

En ámbitos financieros y empresariales todavía es corriente escuchar alabanzas sobre los paraísos fiscales. El portal financiero (labolsa.com) incluso especifica las diferencias entre las dos prácticas más comunes, para disculpar lo que denomina ‘elusión fiscal’: “El aprovechamiento de las ventajas que proporcionan los paraísos fiscales no supone ningún delito, ya que en este caso se trata de elusión fiscal, no de evasión. (...) En el primer caso nos aprovechamos de la legislación vigente para minimizar el impacto fiscal, mientras que la evasión consiste en evitar el control fiscal para no pagar impuestos”.

Pero como afirma Peter Eigen, Presidente de Transparency International (TI) (www.transparency.org), durante la presentación del Informe Global de la Corrupción 2004 “La corrupción política socava las esperanzas de prosperidad y estabilidad de los países en vías de desarrollo, y perjudica la economía mundial. El abuso del poder político para obtener beneficios privados perjudica a los servicios públicos vitales, y saquea los bolsillos de los contribuyentes y los accionistas en todo el mundo. El problema debe ser enfrentado a nivel nacional e internacional”. El IGC 2004, con un especial énfasis en la corrupción política, “es un llamado a la acción para traer integridad y confiabilidad a los gobiernos, para detener el soborno por parte de las compañías multinacionales, y para luchar contra el flujo de activos robados hacia cuentas secretas privadas en occidente.”
El IGC 2004 expone en detalle los fondos supuestamente malversados por líderes políticos de las últimas dos décadas. Se dice que durante su desgobierno, Mohamed Suharto, Presidente de Indonesia desde 1967 a 1998, robó entre 15 mil y 35 mil millones de dólares en un país donde el PIB per capita ronda los 700 dólares. Suharto encabeza la lista de políticos corruptos. “La corrupción política priva a millones de personas de asistencia médica, educación y perspectivas de un futuro sostenible,” afirma el Presidente de TI-Zimbabwe, John Makumbe durante el lanzamiento del IGC 2004 de TI en Londres. “La lucha contra la corrupción necesita de una voluntad política sostenida en los niveles más altos, y no solamente en los países que se están recuperando del legado de Moi, Suharto, Duvalier o Abacha.”
La corrupción de los gobernantes y funcionarios de muchos países en desarrollo hace que miles de millones de dólares de ayuda humanitaria donados por las agencias internacionales no lleguen a los beneficiarios. Transparencia Internacional lleva tiempo dedicada a recuperar ese dinero "sustraído" por los gobernantes corruptos y colocado, en muchos casos, en paraísos fiscales. En ese sentido, las secciones de TI en África están impulsando una campaña para la repatriación de los bienes que se apropiaron de forma ilegal los ex dictadores y que fueron depositados en cuentas bancarias en Londres, Zurich, Nueva York y Liechtenstein.
Transparecy International puso en marcha en 2002 una campaña, denominada 'Haga Público lo que Paga', con la que se pretende ejercer presión sobre las empresas petrolíferas y mineras para que declaren los impuestos y 'royalties' que pagan a los gobiernos de los países en los que opera. Así, tanto TI como la ONG Global Witness (www.globalwitness.org) han instado a los órganos reguladores de las finanzas, como la Securities and Exchange Commission de Estados Unidos, a exigir dicha declaración como un requisito más para poder cotizar en Bolsa.

La desaparición de los paraísos fiscales es imprescindible so pena de aceptar que el planeta Tierra se convierta en feudo de corruptos, criminales y terroristas. Sin duda es una larga y dura batalla porque lo es contra la vieja y nefasta visión que pretende que el beneficio económico está por encima de las personas, del mundo y de la propia Vida.

5 El imperio del dinero


Las versiones eufóricas de los beneficios de la internacionalización económica no pueden ocultar las enormes grietas que quedan al descubierto tras la brillante fachada. En un mundo globalmente prospero y cada vez mas interconectado, las desigualdades económicas crecen sin parar; los campos de refugiados, la inmigración y la precariedad laboral aumentan, la destrucción ecológica no cesa y disminuyen las oportunidades para los mas desfavorecidos. La economía global, más parece un insensato negocio que destruye las bases naturales en las que se sustenta, enriqueciendo a unos cuantos de forma que no tiene parangón histórico, empujando inexorablemente la riqueza hacia arriba, concentrándola cada vez más, a la vez que expulsa a millones de excluidos.

La mundialización esta suponiendo el triunfo del mercado sobre la política, erosionando las bases de la autonomía de muchos estados, incapacitados de poder decidir sobre sus economías internas. No existe ningún control democrático de quienes en el seno de las organizaciones económicas internacionales, FMI, Banco Mundial, OMC... deciden el destino de millones de personas en el mundo. Se esta configurando un sistema de dominación totalitario que utiliza la dictadura del mercado. Una dictadura economicista en la que el mercado es el gran legitimador de toda suerte de conductas, aún las más desaprensivas.
Lejos de ser redistribuidos, la riqueza y los bienes que producen riqueza se concentran cada vez mas en menos manos. Se generan mecanismos como la deuda externa, las políticas de reajuste estructural... para desproteger a los países y economías más frágiles frente a las mas desarrolladas. En los mercados de valores se puede ver el aumento del valor de las acciones en el momento que las grandes compañías anuncian importantes despidos y reducciones de plantilla.
Las reglas del comercio y la economía internacional están hechas a medida de los países ricos y de las compañías transnacionales; y el funcionamiento de la economía global se organiza en función de sus propios intereses. Las únicas instituciones reguladoras internacionales existentes, en realidad lo que hacen es desregular en el sentido de dar mayor libertad aún para que el mercado opere sin restricciones de ningún tipo y el capital se mueva sin ningún control. Los grupos de expertos se reúnen sin observadores, ni se hacen públicos sus documentos, ni se hacen transcripciones, ni actas...Las empresas transnacionales no responden de sus actos mas que ante los propietarios del capital, sus accionistas y aún así, pueden engañarlos mediante la “ingeniería” contable.
Si a eso sumamos que el capital se puede mover de una punta a la otra del planeta sin ninguna clase de barrera ni de control, las multinacionales lo tienen todo a punto para que puedan, con toda legalidad, defraudar las haciendas nacionales. Mientras el dinero en grandes cantidades es nómada y viaja a la velocidad de los bytes, el dinero inmóvil procedente de las pequeñas empresas, los profesionales y los asalariados locales soporta una mayor carga impositiva por la simple razón que esta localizable.
El capital es móvil, pero se imponen severas restricciones a la circulación de trabajadores y personas que buscan mejorar su vida lejos de sus países donde impera la corrupción, el hambre y los conflictos armados.

En el mundo rico los mercados financieros permiten invertir en acciones, bonos, opciones y otros sofisticados productos financieros para encaminar teóricamente la inversión de nuevo a la producción de riqueza y así crear bienestar para todos. En realidad, tan solo una pequeña parte : un 5 %, de los enormes flujos de efectivo que circulan por los mercados financieros se invierten en la economía “productiva” real; el 95 % restante esta dedicado exclusivamente a la especulación financiera, que no tiene nada que ver con la producción de bienes y servicios y mucho menos con los que realmente satisfacen las necesidades de la sociedad.

En el sistema financiero mundial, los mercados de divisas mueven diariamente 1,6 billones de dólares, a menudo en especulativos viajes de ida y vuelta en pocas semanas. Los fondos de inversión, los fondos de pensiones, las compañías de seguros, etc. de los países del G7 acumulan un total de 21 billones de dólares, la mitad de los cuales pertenecen a fondos norteamericanos. Esta cifra es mas grande que la suma del PIB anual de todos los países industrializados. Los gobiernos no se atreven a grabar con impuestos unos dineros evanescentes y móviles. Con la libertad absoluta de la circulación de capitales, la globalización hace recaer el grueso de los impuestos sobre los trabajadores que no pueden desplazarse.

Los impuestos globales a los movimientos de capital como la Tasa Tobin, apenas un 0,1 %, además de poder reducir la presión fiscal soportada por los trabajadores, permitirían frenar un poco la loca movilidad especulativa de los capitales a corto plazo, reducir las inestabilidad monetaria internacional y crear un mecanismo de financiación para afrontar los retos de la eliminación de la pobreza extrema, mejorar la educación, la salud, el medioambiente....
Una tasa del 0,1% del volumen de operaciones en el mercado de cambios : 1,6 billones de dólares por día laborable, unos 380,9 billones al año, procuraría 230.000 millones de dólares anuales, recursos que podrían dedicarse a financiar las necesidades sociales y ecológicas del planeta.

Para hacerse una idea de la amplitud de los mercados de divisas (más de 300 billones de euros al año), amontonados en una pila de billetes de 10 euros, el montón llegaría a la luna !

Incluso en el texto del Tratado Constitucional europeo que debe ser ratificado por los estados miembros y que será sometido a votación próximamente en España se afirma en su artículo III-156 que “quedan prohibidas las restricciones (...) a los movimientos de capitales”. Además, se agrega en el artículo III-314 que la Unión Europea contribuirá a la “supresión progresiva de las restricciones a los intercambios internacionales”.

En realidad la libertad de circulación de los capitales es un eufemismo que oculta la existencia de miles de millones de euros que están fuera del control de los gobiernos, y que no pagan impuestos por estar radicadas en paraísos fiscales. En otras palabras, mientras la mayoría de los ciudadanos, pagamos impuestos porque se nos descuentan directamente de la nómina, o porque al comprar pagamos el IVA; hay grandes capitales (empresas multinacionales, millonarios, grupos de inversión) que no pagan porque la libertad de movimientos les permite enviar su dinero a paraísos fiscales, en los que predominan la baja o nula carga impositiva y el secreto bancario.