lunes, 28 de marzo de 2011

19 Economía y ética

La economía de hecho surge de una matriz ética tanto en sus orígenes antiguos (Aristóteles) como modernos (A. Smith). Aristóteles en su Política distingue entre economia (lo concerniente a la correcta administración de las propiedades hogareñas) que aprueba y considera esencial para el correcto funcionamiento de cualquier ciudad mínimamente compleja, y crematística (los intercambios que buscan aumentar la ganancia). A quienes se dedican a estos últimos, los tacha de "parásitos". El emblema y compendio de esas malas artes es la usura, la diabólica capacidad que tiene el dinero de facilitar que todo se compre y se venda en busca de beneficio.
Los usos usureros del dinero y la facilidad de este para crecer vertiginosamente vendiéndose y comprándose a si mismo han sido siempre vistos con reprobación y alarma por los ideólogos sociales desde la antigüedad clásica. Independizado de las cosas para cuyo intercambio fue inventado, el dinero se convierte en la cosa por antonomasia, aquella con la que conviene comerciar más que con ninguna otra.
La repugnancia ante la usura se mantiene durante el medioevo y el renacimiento cristianos, con mayor fuerza entre católicos que entre protestantes.
Codicia, avaricia y usura fueron poco a poco sustituidas por una palabra mucho más presentable : interés. Interés a finales del siglo XVI venia a significar algo así como cordura pragmática. Poco a poco la palabra va derivando hacia su significado más restringido de ventaja económica. Su propia etimología alude a su papel socializador : inter est, lo que esta entre los hombres, y por tanto les une como un lazo (aunque también puede separarles como una cuña...).
Reyes y nobles apetecían también la riqueza, pero por la vía de la rapiña o la conquista, mientras que los burgueses apostaban por el intercambio comercial. Tales métodos habían de ser domados y encauzados productivamente por el interés. La Ilustración puso la esperanza, con un exceso de optimismo, en el interés como salvaguarda contra tales males políticos, es decir la confianza en que el interés privado defendería el interés público : James Steuart lo resumía de este modo : "una economía moderna es el freno más eficaz contra la estupidez del despotismo". Pero el interés resultó ser perfectamente compatible con la guerra, impulsada no ya por pasiones heroicas sino precisamente por el afán de lucro.

Adam Smith, considerado el padre de la economía moderna, fue catedrático de Filosofía Moral y durante mucho tiempo, la incipiente ciencia económica se consideró una rama de la Ética. No obstante la importancia que A. Smith asignaba las cuestiones morales, posteriormente se le ha indentificado con la posición que sostiene que la ciencia economía tiene que estar libre de valores y que el comportamiento egoísta de las personas de acuerdo con su propio interés, con la ayuda de la mano invisible del mercado, es la que realiza la asignación optima de recursos.
Así, mientras se distanciaba cada vez más de las consideraciones éticas por un lado, y del contexto natural en el que se inserta, por otro; la actual ciencia económica se consolidó en el universo aislado de los valores de cambio. Al mismo tiempo la noción de producción se distanciaba cada vez más de su trasfondo físico originario, para reducirse al ámbito exclusivo de los valores estrictamente pecuniarios : producir acabó siendo, simplemente vender con beneficio.
Los economistas "neoclásicos" de final del XIX y principios del XX, acabaron vaciando de materialidad la noción de producción y separando por completo el racionamiento económico del mundo físico y natural que lo sustenta; olvidando las leyes de la física y la termodinámica, que nos recuerdan que la materia sólo podemos tranformarla y que más que producir, lo que se hace en realidad es extraer y transformar recursos naturales en productos, por más sofisticados que estos puedan parecer. : extraer crudo y transformarlo en petróleo, o en detergentes.

18 La era solar

A estas alturas resulta más que evidente que hay que cambiar el sistema energético mundial y sustituir los combustibles fósiles y la energía nuclear. Las soluciones son la eficiencia energética y las energías renovables.
Recibimos del sol una cantidad de energía miles de veces mayor que la que consume toda la humanidad, y disponemos de los conocimientos y la tecnología para captarla y aprovecharla. Solo falta voluntad política por parte de toda la sociedad para vencer las resistencias del poder energético dominante estrechamente identificado con el negocio del petróleo y las nucleares.

Con energías renovables y utilizando como vector energético el hidrógeno además de la electricidad, sería posible atender a todas las necesidades energéticas con una emisión de contaminantes prácticamente nula.
El hidrógeno es el elemento más simple y más abundante en el universo y puede usarse como una excelente forma de almacenar energía procedente de fuentes renovables para garantizar un abastecimiento de energía permanente, continuo y limpio para toda la sociedad.
Una economía basada en la energía solar y en el hidrógeno (extraído del agua mediante electrólisis usando fuentes renovables para ello) posibilita una enorme redistribución del poder, con consecuencias trascendentales para la sociedad. Con el desarrollo de la tecnología fotovoltaica y de las pilas de hidrógeno, cada consumidor puede convertirse además, en productor de su propia energía. Mediante la denominada "generación distribuida", millones de usuarios locales, regionales y nacionales podrán producir su propia energía de modo descentralizado e intercambiar entre iguales los excedentes a través de una Red Mundial de Energía a la que estarán interconectados. De modo semejante a cómo hoy intercambiamos la información que generamos en nuestros ordenadores a través de la World Wide Web.

La revolución industrial se basó en la utilización extensiva del carbón como principal recurso energético, durante el siglo XX y hasta la actualidad vivimos en la época del petróleo; ambos combustibles fósiles configuraron una infraestructura energética fuertemente centralizada, y con ella, una estructura de poder económico dominante que ha favorecido a unos pocos frente a la mayoría. En la era de la economía solar es factible configurar una infraestructura energética descentralizada, que podría favorecer la democratización de la gestión energética y permitir a los individuos, a las comunidades y a los países afianzar su autonomía e independencia.

www.energias-renovables.com
www.tierramerica.net/2003/0505/conectate.shtml
europa.eu.int/comm/research/leaflets/h2/page_104_es.html

17 Más energía

Respecto al sistema energético del que se hablará más extensamente en otro capitulo tan sólo recordar que es globalmente muy ineficiente, puesto que emplea enormes cantidades de energía primaria para obtener una proporción de energía realmente util, de energía finalmente consumida realmente baja : del orden del 3 %. Utiliza principalmente combustibles fósiles y nucleares, ambos no renovables, es decir que se agotan a medida que se usan; y es altamente contaminante.
Los primeros, al quemarse liberan a la atmósfera importantes cantidades de óxidos de azufre, nitrógeno (causantes de las lluvias acidas) y anhídrido carbónico, principal responsable de la aceleración del efecto invernadero sobre el planeta, (causante de una desestabilización cada vez más evidente del clima del planeta). Los segundos aumentan considerablemente la radioactividad ambiental no siempre bien controlada y no se sabe como solucionar el problema de los residuos radioactivos.

Mientras la demanda de energía en el mundo crece, y las reservas fósiles disminuyen, la adicción al petróleo de la economía actual se ha convertido en un serio problema. El petróleo se extrae de pozos cada vez más profundos, que se están convirtiendo en abismos. Combustible rey, que no sólo contamina aires, mares y playas, sino también conciencias; menosprecia y avasalla los derechos humanos de comunidades indígenas, pueblos y naciones enteras, genera golpes de estado, asesinatos, y guerras.

El calentamiento global provocado mayormente por esa adicción que vierte a la atmósfera 6.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, esta empezando a tener consecuencias que pueden llegar a ser de mucho mayor alcance que el reciente tsunami del Sudeste Asiático. El cambio climático puede constatarse en el deshielo polar, el retroceso evidente de los glaciares, y de las nieves perpetuas en cordilleras como los Andes. En Alaska la temperatura ha aumentado 10 veces más rápido que en el resto del mundo y en las antípodas, 10.000 Km2 de la plataforma helada se han perdido en el continente Antártico. El hecho de que ocho de los años más calurosos de los que se tiene constancia fueron posteriores a 1990 y que en las últimas décadas la Gran Bretaña, igual que sucede en Canadá, Japón, Rusia y en otras zonas han experimentado un espectacular aumento de las lluvias que provocan inundaciones a causa del llamado cañón humeante : a más altas temperaturas, el aire puede retener mas agua en la atmósfera, de manera, que en caso de precipitación, el agua vertida es más copiosa. De las 21 grandes inundaciones del siglo XX, 16 han ocurrido desde el año 1953. El recrudecimiento de fenómenos meteorológicos extremos acentuará también las sequías y tempestades de polvo en otras zonas, aumentando su desertificación. Lo que contrasta con el aumento del nivel del mar que ya esta subiendo a un ritmo de 1,8 milímetros anuales.
El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático -IPCC, un colectivo de 3.000 científicos de todo el mundo, ha advertido que a escala global la temperatura media de la superficie terrestre aumentará entre 1,4 y 5,8 grados en el siglo XXI. Si aumentan las temperaturas, la fusión de hielos polares y glaciares se acelerará y el nivel de los océanos puede subir mucho mas, anegando zonas bajas costeras provocando el desplazamiento de millones de personas y desaparecerán bajo las aguas muchas islas del Pacifico. Los mares captarán más dióxido de carbono de la atmósfera y se volverán más ácidos, lo que puede causar extinciones en cadena y afectar a los recursos pesqueros. Los posibles cambios en la circulación de los océanos repercutirán en la circulación atmosférica, pues la atmósfera esta regulada por los océanos. Asimismo se verán afectadas las áreas de producción agrícola, la distribución de agua dulce en el mundo y las zonas proclives a determinadas enfermedades tropicales, entre otras muchas posibles consecuencias.
En algunas zonas como el Mediterráneo el aumento de temperatura será más acusado que en el resto del mundo, según las previsiones del IPCC. Y en verano las olas de calor serán más frecuentes, más largas y calurosas este siglo que el pasado. En el caso de España los climatólogos pronostican sequías más acusadas y un avance de la desertización en las próximas décadas, cosa que afectará a la agricultura y el turismo.
Incluso si la diplomacia fracasa en el intento de contener el cambio climático, la Tierra se adaptará como lo ha hecho durante millones de años, incluso en circunstancias ambientales mucho más extremas. Los especialistas en evolución no tienen dudas de que se adaptará también tras los daños que la humanidad está infligiendo a la biosfera; es decir a la VIDA en la Tierra. De lo que no están tan seguros es de si nos seguirá pareciendo un lugar tan agradable para vivir.

16 La economía de materiales : El mundo como cantera

Durante los últimos cuarenta años se ha registrado un espectacular crecimiento de la extracción de las principales sustancias de la corteza terrestre. La mejora de la eficiencia de los procesos no ha significado una reducción de las extracciones. La pretendía "desmaterialización", en el sentido de reducción del uso de recursos naturales no esta teniendo lugar ni siquiera en los países ricos. La evolución de los precios de las materias primas en el último decenio no ha incentivado ni el ahorro ni el reciclaje de las mismas.
Tales procesos de extracción alcanzan un tonelaje que triplica el de los productos derivados de la fotosíntesis. A lo largo de toda su historia, la humanidad ha vivido fundamentalmente de la fotosíntesis y sus derivados, mientras que ahora se apoya sobretodo en la extracción de stocks de la corteza terrestre. Con el agravante de que los materiales extraídos, una vez transformados se utilizan y suelen devolverse después al medio como residuos, sin preocuparse de hacerlos retornar a su condición originaria de recursos, con consecuencias negativas para el conjunto de la biosfera.
De hecho, a menudo la generación de residuos en los procesos industriales aumenta por encima de la propia producción de bienes. Así por ejemplo, la producción de la industria catalana creció un 2% entre 1998 y el 2002, y los desechos, un 4,5%, más del doble.
En esos procesos de extracción, elaboración y manejo de materiales en gran escala, la especie humana se ve obligada a movilizar un tonelaje de tierras y de materia vegetal crecientemente superiores a los directamente utilizados, acentuando con ello el deterioro ocasionado en el entorno (que se sumaría al provocado por los residuos). De hecho la intervención humana sobre la corteza terrestre orientada a la obtención de rocas y minerales supera ya en importancia a la de cualquier agente geológico.
Con la extracción de combustibles fósiles la civilización industrial utiliza una energía muy superior a la derivada de la fotosíntesis, orientada a acrecentar el resto de las extracciones de la biosfera y de la corteza terrestre, a transportarlas y elaborarlas, forzando también una utilización cada vez mas masiva de agua y de aire como recursos y como sumideros de residuos.
La creciente especialización y parcelación de los procesos, multiplica la exigencia de recursos y la emisión de residuos a un ritmo muy superior al de los productos obtenidos, entrando en una espiral de deterioro imposible de resolver sin cambiar el sistema que la origina. La Tierra es un sistema cerrado en materiales y si se multiplican los procesos que toman de la Tierra recursos y los devuelven en forma de residuos, el deterioro global está asegurado a largo plazo.
Para salir de este circulo vicioso es necesario reconvertir la industria humana en una sucesión concatenada de procesos que consiga una reutilización completa de los materiales, apoyándose en la energía solar, tal y como viene haciendo durante milenios ese paradigma de sostenibilidad que es la biosfera y, en ocasiones, los sistemas agrarios tradicionales.

La necesidad de mantener la fe en la mitología del crecimiento es crucial para el mantenimiento del sistema. Y de ahí que sea un tema tabú subrayar el conflicto que se opera entre un mundo financiero que suscribe como axioma el crecimiento exponencial de la rentabilidad de los capitales, en forma de interés compuesto, y un mundo físico en el que el crecimiento exponencial solo cabe en procesos parciales y transitorios.

15 Hacia una Química Verde

La industria química es uno del principales y mas diversos sectores industriales del mundo que se ha desarrollado extraordinariamente en el último siglo generando cantidades ingentes de nuevos productos.
A partir de los años cincuenta los productos energéticos : gasolinas, naftas... derivados del fraccionamiento del crudo ja excedían al uso del carbón, con lo que el petróleo pasó a ser el principal combustible del desarrollo industrial. Paralelamente se descubrió la posibilidad de transformar ciertos productos que aparecían en la destilación fraccionada del petróleo en una serie de materiales que pronto inundarían todos los mercados : los plásticos. De esta manera se desarrollo una nueva industria : la petroquímica capaz de sintetizar una gran variedad de productos : energéticos unos, como el butano o el propano y compuestos materiales la mayoría como los plásticos, cauchos sintéticos, fibras textiles, fertilizantes, pesticidas, herbicidas, barnices, pinturas, colorantes, fármacos, detergentes, cosméticos....Así la química paso de dedicarse a la transformación de materias primas agrícolas y minerales, a la síntesis de nuevos materiales artificiales, consumiendo enormes cantidades de energía y recursos fósiles, es decir no renovables, lo que contribuiría a acentuar la ya crecientes demandas de energía en los países industrializados. A la vez que se introducían en el medio toda una serie de nuevos compuestos -buena parte de los cuales son contaminantes- que antes no existían en la naturaleza y que no son biodegradables.

La expansión económica de los 50-60 esta íntimamente relacionada con el gran consumo de petróleo. No es casual que los sectores industriales que tuvieron un mayor desarrollo fueron precisamente los mayores consumidores de energía : petroquímica, metalurgia, sector del automóvil, electrodomésticos, electrónica, generación de electricidad... coincidiendo generalmente con productos de una gran intensidad energética, o sea que para su producción se requiere mucha energía.

Sólo en los EEUU, en 1999 se liberaron unos 3,5 millones de toneladas de sustancias tóxicas -doce kilos por persona. Una prueba aleatoria en la sangre de cualquier norteamericano mostraría fácilmente cantidades apreciables de doscientas sustancias que hace un siglo aún no existían. Algunas se difunden con un facilidad prodigiosa. Tanto es a sí que se han detectado altas concentraciones de contaminantes en el tejido adiposo de los osos polares del Artico.

Con la campaña, denominada Detox, la organización WWF denunció el año 2004 el alto número de sustancias prohibidas que emplean numerosas industrias, y que se introducen en el organismo humano y animal sin control alguno. Para ello sometieron recientemente a un análisis a catorce responsables de Medio Ambiente o Sanidad de la Unión Europea, para saber si su sangre estaba contaminada con sustancias químicas prohibidas. Los análisis revelaron que la sangre de los ministros analizados contiene 55 de las 103 sustancias químicas prohibidas que se buscaban en el experimento, es decir un 53%.
El director de la campaña, Karl Wagner, indicó que "los ministros están contaminados con sustancias químicas industriales cuyos efectos son en gran parte desconocidos". El estudio asevera que la "contaminación química es una amenaza".
La modernidad ha traído consigo, además del bienestar, la proliferación de productos químicos sobre los que se desconoce casi todo sobre su seguridad.
Desde el mismo momento en que un niño viene al mundo ya tiene la sangre contaminada. Su madre le habrá transmitido un cóctel con hasta medio centenar de sustancias correspondientes a siete familias químicas, todas ellas tóxicas y en algunos casos cancerígenas. Ese mismo bebé irá incrementando la herencia día a día, ya que la mayoría de los alimentos que consumirá a lo largo de su vida y la mayoría de los productos que tocará y con los que conviva irán aumentando los niveles de contaminación de su sangre. Si apenas se conoce la toxicidad de muchos productos de manera individual, mucho menos cuando son varios los que actúan.

La Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) dio a conocer hace poco un informe que asegura que la contaminación que ocasiona el transito mejora en las carreteras, pero no en las zonas urbanas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura a su vez que en los países desarrollados mueren más personas de forma prematura por la exposición a la contaminación que por accidentes de trafico. Se estima en 80.000 los adultos de más de 35 años que mueren cada año en las ciudades europeas por esta causa.

Para intentar paliar esta situación, recientemente se esta empezando a desarrollar el concepto de química verde o sostenible que propone el diseño, la manufactura y el uso de sustancias químicas y de procesos para obtenerlas, que reduzcan o eliminen el uso o la generación de residuos y productos nocivos para el medio ambiente y la salud humana.
De manera silenciosa pero constante, la química verde esta comenzando a cambiar el modo de operar de toda la industria química, y la manera de tratar las materias primas a nivel de átomos y moléculas. La innovación que introduce la química verde comporta un nuevo diseño del proceso de síntesis y del uso de las sustancias químicas. Este nuevo modelo de trabajo tiene como objetivos principales desarrollar materiales y procesos respetuosos con el medio ambiente, a través de la manipulación de las propiedades físicas y químicas de las sustancias, con la finalidad de reducir y eliminar sus características peligrosas y finalmente abastecerse de elementos y energías renovables y limpias. Es evidente que es mucho más probable que se desarrollen químicas ecológicamente adecuadas cuando los materiales de partida son ecológicamente compatibles, lo que lleva a preferir como materia prima materiales basados en el mundo vegetal.

14 Comer del petróleo

El sector agroalimentario junto al energético son los sectores más directamente relacionados con los ecosistemas y los que más les afectan.
Los sistemas agroindustriales producen graves y crecientes impactos ecológicos tanto a nivel global como local : deforestación, desertificación de extensos territorios sobretodo en zonas tropicales y subtropicales del planeta; destrucción y deterioro del suelo fértil, perdida de biodiversidad, alteración del ciclo natural del nitrógeno, difusión de tóxicos y biocidas en el ambiente, sobreexplotación y contaminación de acuíferos y aguas superficiales (sin respetar el mínimo caudal ecológico de los ríos), despilfarro de agua, un recurso cada vez mas contaminado y escaso (captada a menudo con un gran impacto ambiental), eutrofización de lagos y mares costeros, despilfarro de energía... y todo eso a menudo para producir grandes cantidades de alimentos con buena presentación y escasa y decreciente calidad nutricional
Así una tercera parte de la tierra de cultivo del mundo esta perdiendo fertilidad, lo que hace peligrar su productividad y la seguridad alimentaria mundial. La mitad de las zonas de pasto del mundo sufren también una sobreeplotación que las está desertificando de modo grave. Los dos tercios de las pesquerías oceánicas se explotan por encima de su capacidad natural de reproducción. De hecho la sobrepesca en las últimos años se ha convertido en la regla casi generalizada. Además la sobreexplotación y la creciente contaminación de las aguas subterráneas están ya teniendo efectos negativos y limitadores en la producción de alimentos en muchas zonas del planeta.
Como vemos, a pesar del optimismo de los indicadores económicos de "producción" en el sector agroindustrial, el panorama no es nada halagüeño des de el punto de vista ecológico.

A partir del desarrollo y extensión de la industria petroquímica después de la Segunda Guerra Mundial, la agricultura dejó de ser una actividad productiva renovable y energéticamente eficiente, que permitía reponer la fertilidad del suelo y la energía invertida, a ser un sistema industrializado, energéticamente deficitario -consume más energía de la que produce- que nos envenena lentamente un poco más cada vez -los alimentos contienen cada vez más productos químicos, no siempre inocuos.
La industrialización agrícola ha llevado a una agricultura basada en la fragmentación y los monocultivos. Arboles, rebaños y cultivos se han separado unos de otros en sistemas fragmentados de función simple, en los que sólo cuenta la productividad por hectárea y la cantidad siempre creciente de las aportaciones químicas necesarias para conseguirla.

Durante la expansión de la revolución verde de 1950 a 1984 -paradigma de la "modernización agrícola", mientras la producción de cereales creció un 3% anual, casi el doble que el crecimiento demográfico, murieron de hambre mas de mil millones de personas, en un mundo con los silos a rebosar. De nuevo el "éxito" sólo benefició a un parte.

La agronomía moderna se ha autolimitado, concentrandose casi en exclusiva en el uso de agroquímicos, despreocupándose de comprender, integrar y aplicar los conocimientos de la biología, la ecología y la agricultura tradicional. Sólo recientemente ha habido una confluencia entre estudiosos de los sistemas agrícolas y los ecosistemas naturales dando paso a los modernos y aún minoritarios estudios agroecológicos. El precio ha sido alto : empobrecimiento biológico por destrucción de la microfauna del suelo debida a los productos químicos, en algunos casos hasta dejar estéril la tierra. Para sustituir la acción de estos microorganismos, indispensable para un crecimiento sano de los vegetales, se hace necesario entonces utilizar todavía más fertilizantes. Otras consecuencias de tal destrucción es la perdida y la merma de la calidad de los nutrientes, la perdida de esponjosidad y de la capacidad de retener agua del suelo, y su mayor fragilidad frente a la erosión.

A la perdida de fertilidad de la tierra, es necesario añadir la contaminación de las aguas por aportación excesiva de nitratos; además una fracción de estos nitratos se transforma en nitritos, una sustancia altamente tóxica que puede fácilmente envenenar y de hecho así sucede, los acuíferos subterráneos. Como consecuencia de todo ello se esta produciendo el deterioro entre moderado y grave de millones de hectáreas de tierra fértil, que favorecen los procesos de erosión. Tanto es a sí, que en el mundo se pierden unas 150 Ha. de suelo fértil por minuto y la península Ibérica se empobrece a un ritmo de unas 32 toneladas de tierra fértil por segundo.
Los fertilizantes y plaguicidas sintéticos además de contribuir a degradar los suelos y a contaminar los acuíferos se introducen en la cadena alimentaria. Así ingerimos entre tres y siete kilos al año de colorantes, conservantes, insecticidas y metales pesados. No parece la forma más sana de vitalizarnos, ni de alimentarnos.
Por otro lado tenemos la perdida de biodiversidad. Desde principios de siglo se ha perdido un 75 % de la diversidad genética de los cultivos agrícolas. Se han reducido muchísimo las variedades utilizadas, hasta el punto de que dependemos de unas 150 especies de animales y plantas para nuestra alimentación, frente a las miles de posibilidades existentes. El 95 % de nuestra alimentación proviene de de tan sólo 30 especies cultivadas y de unas pocas especies animales. Las tres cuartas partes de nuestra dieta están formadas por tan sólo 8 especies, encabezadas por cuatro variedades de cereales de las que depende casi todo : trigo, maíz, arroz y soja.
Cuando la multiplicidad y diversidad biológica está desapareciendo, gracias a la expansión de las hamburguesas -que destrozan extensas zonas del Amazonas, el arboricidio, las pésimamente planificadas obras públicas ... más de la mitad de las especies de animales y de plantas domesticadas se encuentran también en peligro de extinción.
La biodiversidad es también una fuente de fertilidad del suelo y necesaria para el control de las plagas y las enfermedades. Diferentes cosechas plantadas juntas ayudan al ciclo de los nutrientes y pueden resistir mejor la plagas. La necesidad de aportaciones externas de nitrógeno se ve reducida si crecen juntos legumbres y cereales. La biomasa de la paja de las cosechas sirve para alimentar el ganado, que produce estiércol, es decir abono. La materia orgánica es fundamental para la conservación de la fertilidad del suelo.

Otro hecho importante con la industrialización de la agricultura y la acumulacion de la población en zonas urbanas, es que se ha dejado de utilizar en gran medida los residuos orgánicos -vegetales y animales- como la fuente milenaria de fertilización de la tierra que siempre han sido.
Hoy día cuando más de la mitad de la humanidad vive en ciudades y depende más que nunca de los flujos unidireccionales de nutrientes y de materia orgánica que vienen cada vez de mas lejos y no se devuelven a las tierras de cultivo de donde proceden; romper este flujo circular orgánico tiene su precio. Por un lado muchas regiones del planeta están excesivamente fertilizadas con abonos inorgánicos y sintéticos, así el agua potable de algunos países europeos esta contaminada por la escorrentia de este exceso de fertilizantes. Y se está reduciendo la diversidad de especies por el exceso de aplicación de nitrógeno y fósforo. Las enfermedades de las plantas se extienden con mayor facilidad en suelos dependientes de estos fertilizantes manufacturados.
En el otro extremo, el vertido de residuos orgánicos en las ciudades plantea problemas cada vez más difíciles de resolver : vertederos llenos que filtran elementos tóxicos a las aguas subterráneas y liberan metano a la atmósfera. Sistemas de alcantarillado que resultan caros y a menudo mezclan residuos químicos e industriales, aguas pluviales y las aguas grises residuales de las ciudades, dificultando enormemente la recuperación y reutilización de unas y otras.

La tendencia a la cría intensiva de animales ha acarreado la concentración de excedentes de estiércol y purines que superan las cantidades que los cultivos pueden absorber y se han convertido en un contaminante, cuando durante milenios han constituido un recurso para la fertilización del suelo. En Cataluña por ejemplo este problema afecta a diversas comarcas que han visto afectadas las redes de abastecimiento de agua potable, recomendandose que no se use para beber ni cocinar; porque están contaminadas por nitratos procedentes de los purines de las granjas de engorde de ganado porcino.

Devolviendo los nutrientes en forma de compuestos orgánicos a los suelos -cerrando el ciclo de la materia- podrían aligerarse estos problemas. Se estima que en el estado español se producen 150 millones de toneladas de residuos orgánicos : estiércol de granjas, residuos vegetales de las industrias de procesamiento: vino, aceite, azúcar, madera, los residuos orgánicos de las ciudades... Podrían compostarse y tratarse para recuperar la energía contenida en ellos -biogas con alto contenido en metano, muy parecido en composición al gas natural que usamos en las ciudades- y obtener un abono concentrado de gran calidad, para así devolver los nutrientes que contienen y buena parte de la fertilidad que año tras año les sustraemos a la tierra.

A la perdida de tierra fértil por desertificación, hay que añadir el urbanismo galopante que retira de la producción agrícola mas de 300.000 ha. de las mejores tierras de cultivo del planeta todos los años. Entre unas cosas y otras la seguridad alimentaria -las reservas estratégicas de la humanidad- se han reducido en los últimos años.

Desde el punto de vista de la nutrición, aproximadamente la mitad de la población mundial -ricos y pobres -padecen deficiencias nutricionales. Mientras el volumen de personas -unos 1.200 millones- que pasan hambre o están subalimentadas se esta reduciendo un poco, paradójicamente las carencias nutricionales de signo opuesto causadas por el exceso de comida : grasas, azucares... acompañada de deficiencias en vitaminas y minerales se extiende cada vez más, afectando a otros 1.200 millones de personas sobrealimentadas.

Por otro lado el sistema de producción y comercialización agropecuario controlado por grandes corporaciones transnacionales tiende a empobrecer y hacer cada vez más dependientes a los pequeños agricultores de unas semillas híbridas que es necesario comprar cada año y que para ser eficaces necesitan aportaciones crecientes de fertilizantes, plaguicidas y herbicidas que las mismas compañías les venden.
El último paso en convertir los sistemas naturales en recursos económicos, es la transformación de la semilla en un recurso genético (al introducir genes externos utilizando técnicas de biología molecular) : las controvertidas plantas transgénicas, que abren muchos interrogantes sobre sus posibles efectos en la biosfera y en la salud humana.

Respecto a las relaciones Norte -Sur, los cultivos destinados a la exportación para pagar la deuda externa, en vez de cultivos alimentarios para la propia población son demasiado frecuentes en los países del Tercer Mundo. Mientras, en el Norte se continua subvencionando ampliamente una agricultura intensiva, excedentaria y contaminadora que afecta además negativamente la producción agrícola de los países en desarrollo en una clara competencia desleal.

Durante milenios la agricultura y la ganadería han sido eficientes sistemas de captación y transformación de energía solar en una gran variedad de elementos nutritivos desarrollados por las diferentes culturas del planeta, de las que deberíamos aprender. Hoy, sin embargo, los sistemas agropecuarios industriales se basan esencialmente en un recurso fósil : el petróleo; para la maquinaria agrícola, para los fertilizantes sintéticos, para determinados herbicidas... que se derivan de él. Cuando consumimos productos agrícolas o carne, la mayoría de la energía bioquímica que ingerimos ya no proviene del sol, sino del petróleo que, no olvidemos es un recurso escaso y no renovable, es decir que se agota a medida que se gasta, además de ser contaminante y desestabilizador del clima. Todo ello plantea grandes interrogantes sobre la eficiencia y viabilidad a largo plazo de los sistemas agropecuarios industriales. Comer del sol es ecológicamente sostenible, comer del petróleo no lo es y además es mucho menos saludable.
Y por si fuera poco desde el punto de vista de la economía doméstica, en este sistema estamos pagando los alimentos tres veces : una al comprarlos, la otra al pagar los subsidios a la agricultura intensiva europea y norteamericana, y una tercera cuando es necesario corregir los desastres que generan las practicas agrícolas contaminantes y en general los efectos nocivos del sector agroalimentario industrialista.
De hecho se mire como se mire, no hay solución a la crisis ecológica global sin una ecologización a fondo del sector. No se trata tanto de maximizar los rendimientos, como de optimizarlos de modo sostenible : conseguir rendimientos óptimos compatibles con la estabilidad de los agroecosistemas, con la calidad del entorno, con la seguridad y la calidad alimentaria de toda la población humana y con la justicia social. Para determinadas zonas del planeta como la Unión Europea, se trata de desintensificar. No se trata de producir más sino de producir mejor y más sanamente. Y en todas partes apostar por una agricultura basada en los principios agroecológicos y la permacultura.

13 Presión del sistema económico sobre la naturaleza

Respecto a la naturaleza el panorama no es mucho mejor. La creciente actividad económica tiene un enorme impacto sobre el medioambiente, de hecho para muchos expertos es la principal causa de degradación ecológica. Las exigencias de una economía en expansión, tal como se estructura en la actualidad superan la producción sostenible de los ecosistemas.
Desde esta perspectiva, el crecimiento de la actividad económica implica la degradación del medio en la medida que agota los recursos naturales; algunos de los cuales no tienen sustituto (minerales como el cromo, el platino...), otros son indispensables : agua, suelo agrícola, aire limpio... y de otros dependemos en exceso : petróleo por ejemplo.
Ademas se están agotando recursos naturales renovables, debido a que su explotación ha aumentado mucho y a menudo por encima de su tasa de regeneración; es el caso por ejemplo de la pesca y la explotación forestal.
La mitad de los bosques que una vez cubrieron la Tierra, 29 millones de kilómetros cuadrados, han desaparecido, y lo que es más importante en términos de biodiversidad, cerca del 78 % de los bosques primarios han sido ya destruidos y el 22 % restante están amenazados por la conversión a otros usos como la agricultura y la ganadería, la especulación, la minería, los grandes embalses, la extracción de madera, las carreteras y las pistas forestales, el crecimiento demográfico y el cambio climático. Un total de 76 países han perdido ya todos sus bosques primarios, y otros once pueden perderlos en los próximos años.
Se calcula que desde 1945 se han deforestado más de 600 millones de hectáreas, que un 20 % de la superficie terrestre con vegetación se encuentra en proceso de degradación y que cada año se deforestan unos 20 millones de hectáreas de bosque tropical (una superficie superior a Gran Bretaña).
Las consecuencias de la deforestación van más allá del agotamiento de la madera y la biomasa como recurso económico. Unos 2.000 millones de personas todavía dependen de la madera como combustible. Los bosques proporcionan además alimento, resinas, aceites, medicamentos y sobretodo contienen la mayor parte de la diversidad biológica y genética del planeta (un 90% de la biodiversidad); absorben y retienen el agua de lluvia, contribuyen al ciclo del agua amortiguando inundaciones, contribuyen a mantener el suelo evitando la erosión, contribuyen a estabilizar el clima, son fundamentales para el ciclo del carbono, que los humanos desestabilizamos con las emisiones de CO2, (los vegetales, los arboles lo absorben).
Millones de personas viven en y de los bosques, la deforestación hace que poblaciones enteras tengan que desplazarse, con la consiguiente perdida de diversidad cultural. Además el uso potencial como reserva genética de la biodiversidad es enorme, un recurso que se esta agotando incluso antes de ser descubierto y conocido. Tampoco hay que olvidar que los bosques proporcionan necesarios espacios de ocio y aprendizaje para muchas poblaciones y que nos permiten entrar en contacto con la naturaleza.
El problema de la deforestación excesiva se relaciona con el de la erosión del suelo, causada por una nociva producción agraria o ganadera, al envenenamiento químico (fertilizantes y pesticidas), por sistemas de irrigación mal planeados, la conversión de usos del suelo y se agrava con el cambio climático. Se calcula que un 51 % de la tierra firme se encuentra moderada o severamente desertizada y que 80 millones de personas viven en áreas de alto riesgo de desertificación.